jueves, 3 de julio de 2025

YO ME CONSAGRO AL SEÑOR, NO A UN DESPACHO. CUANDO EL TRABAJO NOS DEVORA LA VIDA.

Hablaba hace unos días con un buen amigo acerca de las exigencias que determinados despachos de abogados –o profesionales en general- tienen para con sus socios, empleados y meritorios.

Él, letrado aún joven, pero con al cabeza muy bien amueblada y con importantes experiencias en la vida, de las que ha sabido aprender. Me decía que dedicar la vida a un trabajo incesante con interminables exigencias de excelencia en el plano académico, de eficacia, de servicialidad a los clientes, y de eficiencia desde el punto de vista de la facturación y el beneficio, no merecía la pena para nadie porque exigía no sólo entrega, empeño y dedicación, sino una verdadera consagración, lo que es más de lo que merece el trabajo con medio de vida, que no ha ser el fin de la propia vida. Trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar. Menos aún para otro.


El sistema de los despachos profesionales con marca ultra reconocida es un invento, que favorece el abuso laboral/profesional, la explotación, y la manipulación de los talentos y hasta conciencias...Se parte de una situación de necesidad de empleo, de unos jóvenes absolutamente entregados al resto de lograr la excelencia académica y profesional, en solucionar su futuro, de admiración a otros "que ya han triunfado"...que están dispuestos a entregarse y entregarlo todo. Determinados (ellos y sus familias) incluso a pagar para tener la oportunidad de iniciarse en estos trabajos, de poder tomar “la alternativa”, y de entregar todo su tiempo (la “sustancia” de la que está hecha la vida!!!) para poder abrirse camino en estas empresas...primero como becario, después como junior, luego como no sé, aspirando a llegar a ser socio.

La dedicación y compromisos desde un primer momento ha de ser pleno, sin tiempo de descanso, para las amistades, para el ocio; estando dispuestos a esforzarse cada vez más en pro de lograr el objetivo...consiguiendo desde un primer momento ser víctima de cuadros intermedios que, a su vez, exigen, exigen y exigen más para lograr su propio beneficio mediante el más alto rendimiento de su cartera de clientes.

A medio y largo plazo el nivel de exigencia y entrega no mengua, se incrementa, y cuando se viene a reaccionar buscando algo de vida, resulta que ya ha pasado una buena parte de ésta y ya no hay marcha atrás.

Como el que espera poder dedicarse a viajar o a la lectura al momento de estar jubilado, y resulta que después esa jubilación no llega, o lo hace cuando ya no se puede viajar, leer, disfrutar…En todo caso, siempre mejor salir que quedarse en una de esas cárceles donde los carceleros, a su vez también son presos de ese sistema tan alienante.

Me decía este amigo al salir de uno de esos despachos: “lo he pasado mal, pero también se lo he hecho pasar mal a personas que continúan dentro”. Y reflexionaba en voz alta: ¿qué provocó todo aquello? Tanto la necesidad como el abuso y avaricia, la manipulación de los vulnerables y un ambiente tóxico y viciado.

Evidentemente, debe haber de todo...Conozco a algunos profesionales que rememoran siempre en positivo su etapa inicial en esos centros de excelencia...Tal vez porque tuvieron más suerte con el entorno, en ocasiones -y me consta- es bueno, quizá por ser más fuertes, o porque supieron retirarse a tiempo.

En todo caso, entiendo que -como bien me él decía- consagrar la vida, sólo a Dios; pues ello comporta dedicársela apartándola de los propios propósitos...¿Tiene sentido dedicarla a un tercero que pretende ánimo de lucro?

De otra parte, "sólo a Dios hay que llamar padre", S. Mateo, 23,9. Tratar desde el respeto subordinado a otros por cualquier tipo de razón puede favorecer el sometimiento y el abuso.

No es ésta una reflexión en contra el esfuerzo o la ambición, sino contra la distorsión de valores. Un trabajo que exige la "sustancia de la vida" —el tiempo, las relaciones, la salud— como moneda de cambio, no creo que deba ser una correcta vocación profesional. Es una decisión errónea, un mal negocio...puede convertirnos en una suerte de esclavos o en potenciales víctimas de abuso. 

"Ningún hombre moribundo pensó jamás: 'Ojalá hubiera pasado más tiempo en la oficina' (Bertrand Russell). Tal vez sea hora de recordarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Luna de Avellaneda: Una película que emociona, inspira y nos conecta con lo esencial.

A veces la vida te regala una tarde perfecta para reencontrarte con algo especial. Para mí, ese reencuentro fue con "una vieja amiga...