jueves, 24 de julio de 2025

LA "TITULITIS" EN LA POLÍTICA. LA FALSEDAD Y EL ENGAÑO A TODA LA SOCIEDAD.

LA TITULITIS.

En los últimos años en la sociedad española se está incurriendo de una forma alarmante y en ocasiones ridículas en lo que ha venido en llamarse titulitis.

Me resulta absurdo, grotesco y estrafalario a una misma vez algo que puede ser sintomático; muchos utilizan la red social LinkedIn no como escaparate para buscar trabajo o mejorarlo, sino como un escenario en el que pavonearse con sus logros académicos y/o profesionales. ¿Obedece esta conducta a algún complejo que se pretende tapar?. Es frecuente pillar adornos excesivos o ambigüedades en el currículum de muchas personas.

Desde que empezó a haber en los programas de estudio las dobles licenciaturas o grados (pioneros mis admirados jesuítas en ICADE) y exponencialmente desde que se generalizaron los máster y otros diplomas de postgrado, todos los títulos parecen pocos, y muchos tratan de adornar su curriculum lo más posible para demostrar su valía y competencias profesionales.

La realidad nos dice, sin embargo, que no siempre quien tiene más títulos es la persona más idónea para determinadas funciones. Esto, por cierto, lo saben muy bien los bancos u otras grandes compañías que no dan los puestos directivos a quienes tienen mayor número de títulos sino a quienes acreditan mayor capacidad de gestión, comercial y/o de dirección.

No obstante lo anterior, siempre que no se mienta con los méritos expresados es legítimo adornar nuestro currículum.

LA PERVERSIÓN DE LOS TÍTULOS ACADÉMICOS EN LA POLÍTICA.

Este afán se ha generalizado aún más todavía que en el resto de la sociedad española en el ámbito de la política. Esto no es exclusivo de un partido o ideología.

Se obvia que la capacidad de gestión política no se acredita mediante títulos, y entiendo que se pretenden tapar otras carencias, como la falta de experiencia o de recorrido.

¿Por qué se actúa así? Desde mi punto de vista son muchas las causas, y se pueden sintetizar al menos en estas ideas:

-De una parte, en la necesidad de acreditar conocimientos y capacidad, el lograr una credibilidad instantánea, para poder ser elegido o nombrado para cargos remunerados, lo que es necesario en personas que no han tenido (o no aspiran a tener o no quieren intentar) otros empleos y/o emprendimientos (o irrelevantes) fuera de la política.

-El que quienes integran la clase política, tienen más tiempo en muchos casos que otras personas para dedicarse a estudiar (por ejemplo un diputado) y también más dinero para poder pagarse determinados estudios,

-El esfuerzo de muchos políticos en diferenciarse de los demás, y de tapar los propios complejos o elevar su autoestima, castigada por una pobre trayectoria o recorrido anterior,

-Sentirse aceptado y tenido en cuenta por élites económicas, mediáticas, funcionariales.

Esta inflación, esta diarrea, de títulos académicos en el ámbito de la política aun cuando responda vanidad, a complejos, y aunque no tenga ninguna utilidad real, siempre que los títulos se hayan logrado legítimamente, no plantea problemas morales ni legales.

LA DESHONESTIDAD Y LA "TITULITIS" EN LA POLÍTICA.

Sí los plantea cuando se esgrimen títulos o diplomas los que no se poseen, cuando se llegan a adquirir de forma privilegiada o incluso cuando se usa la ambigüedad para engañar a la opinión pública.

Vaya por delante, que le inmensa mayoría de los políticos son gente honesta, trabajadora y muy de fiar, pero este tema -que vuelve a estar de actualidad una vez más- no parece resolverse.

La gravedad de estas conductas no sólo está en la falsedad, en las posibles responsabilidades penales, sino también mezquindad, en los desequilibrios psicológicos, y en la enorme falta de honestidad de que se hace gala, y que hace que la persona no sea idónea para gestionar asuntos públicos. Si se engaña o se delinque en esto se está demostrando que no se tienen escrúpulos, que no se merece la confianza de los ciudadanos y que se es capaz de cualquier otra indecencia.

¿CÓMO EVITAR ESTAS FALSEDADES EN NUESTROS POLÍTICOS?

Entiendo que no es difícil, sólo hay que querer de verdad...La pregunta es ¿interesa a la clase política regular esto?

En mi opinión solventaríamos este problema legislando en los siguientes términos:

  • En primer lugar, limitando el ejercicio de cargos de designación política a un número máximo de años (ocho me parece idóneo), ya que la política debe ser un servicio público, no una profesión de por vida.

  • En segundo lugar, estableciendo rigurosos requisitos (académicos y/o profesionales) para el desempeño de determinados cargos, que -en todo caso- deben ser comprobados por la Administración competente, por las cámaras legislativas, por los órganos constitucionales, e incluso por los propios partidos políticos.

  • En tercer lugar, estableciendo tipos penales específicos relativos a la declaración en el ámbito del sector público de datos curriculares falsos, o con ambigüedad y con ánimo de engañar. Las penas deberían comportar inhabilitación para todo tipo de cargos y/o funciones públicas, sanción económica e incluso pena privativa de libertad.

  • Estos tipos penales específicos deberían hacer extensivas las penas a:

-Los responsables de los Partidos Políticos, Grupos Políticos e Instituciones Públicas que publiquen o admitan datos falsos por no comprobarlos y ser cooperadores necesarios e incluso cómplices de tal falsedad y/o engaño a la ciudadanía.
-A los responsables de centros educativos, públicos y privados, y su personal directivo y docente cuando den trato de favor a terceros para que obtengan de forma ilegítima o privilegiada títulos o diplomas o méritos académicos...más aún si existen "contraprestaciones" o "donaciones remuneratorias" (Vallet de Goytisolo).

Si en el ámbito privado estos fraudes son inadmisibles, ¿debemos tolerar que nuestros responsables políticos den estos espectáculos?


PABLO DE OLAVIDE Y JÁUREGUI. EL ILUSTRADO QUE QUISIERON BORRAR DE LA HISTORIA.

CÓMO ME TROPIEZO CON ESTE PERSONAJE “DESCONOCIDO" (PARA MÍ).


Hace ya más años de los que me gustaría, pero no demasiados tampoco, visitaba yo por primera vez la Universidad Pablo de Olavide en Sevilla con motivo de la matriculación de mi hija mayor allí para cursar sus estudios. Y acompañándola en la cola surgió en mi cabeza una pregunta, ¿quién será o quién fué ese tal Pablo de Olavide?. Tuve que reconocerme que no tenía ni la más mínima idea.


Pronto Google me dio las primeras pistas; Pablo de Olavide y Jaúregui (1725-1803), una de las figuras más importantes de la ilustración española. Un intelectual sumamente prolífico; abogado, escritor, político y principalmente innovador. Encarnó en su vida el espíritu de la contradicción entre el antiguo régimen y las ideas más innovadoras. 


Profundicé bastante en su historia, me pareció absolutamente fascinante, y llegó a hacerme sentir incluso mal el reconocer que hasta ese momento -como la mayoría de los españoles- absolutamente la había ignorado. 


SUS ORÍGENES.


Español de pura cepa, nacido en Lima (entonces Virreinato de Perú) el 25 de enero de 1725, en una familia acomodada, descendiente 100 % de navarros. 


Con 17 años ya se había graduado en Derecho. Pronto ocupó cargos relevantes como profesor universitario y en el Ayuntamiento de su ciudad, que quedó devastada tras el terremoto (seguido de un devastador tsunami) de 1746. Perdió en aquella tragedia gran parte de su familia y de su fortuna. 


LA RECONSTRUCCIÓN DE LIMA.


Asumió una gran parte de la gestión de la reconstrucción de la ciudad tras nombramiento del Virrey debiendo hacerse cargo de la gestión de las donaciones de la corona, la supervisión de la recaudación de los impuestos especiales, la coordinación de las obras públicas y la ayuda a los damnificados.


Tras estos trabajos fue acusado de usar dinero público para beneficio personal, falta de transparencia y de enriquecimiento sospechoso.


Fue demandado judicialmente por la administración colonial, lo que le llevó a exiliarse en España donde logró rehabilitarse gracias a sus conexiones con círculos ilustrados y el favor real.


EN LA ESPAÑA PENINSULAR.


En España, ya en 1750, llamó pronto la atención a los ilustrados y a la propia corona. Carlos III lo catapultó convirtiéndole en una de las figuras claves de las reformas borbónicas. Entre sus principales cargos cabe destacar que fue Intendente de la Ciudad de Sevilla, y Superintendente de las Nuevas Poblaciones de Andalucía.


Se casó dos veces con mujeres de la alta sociedad. Con Isabel de los Ríos (1753), una viuda adinerada de Sevilla que falleció pronto y con María Ana de Castilla, noble, que le acercó a la Corona. No tuvo hijos, aunque estuvo muy unido a una sobrina (hija de su hermano) que fue su heredera.


INTENDENTE DE LA CIUDAD DE SEVILLA.


Nombrado Intendente (hoy diríamos Alcalde) de la ciudad de Sevilla en 1767, en la que hizo importantes reformas orientadas a su modernización, seguridad y productividad.


Urbanizó y rotuló las calles. Hizo transitables las márgenes del río Guadalquivir. Construyó teatros. Promovió las artes y la cultura. Fundó la Real Sociedad Patriótica de Sevilla (1767) y la Real Fábrica de Tabacos. Creó escuelas públicas. Iluminó calles. Implementó saneamiento para las viviendas. Reguló la legalización de las construcciones. Creó la Guardia de Sala. Reguló la prostitución. Potenció la agricultura…

Puede afirmarse que hizo de la actual capital de Andalucía una ciudad más moderna, productiva y saneada. Sentó las bases de las reformas liberales del siglo XIX. 


Incluso impulsó la primera vacunación masiva en la ciudad contra la viruela, lo que no pudo realizarse por la finalización de su mandato tras su enfrentamiento con la Inquisición en 1776.


SÚPER INTENDENTE DE NUEVAS POBLACIONES DE ANDALUCÍA Y SIERRA MORENA.


Su experiencia y transformación de Sevilla llevó a su designación como Superintendente de Nuevas Poblaciones de Andalucía. Se trataba de un proyecto impulsado por la Corona muy ambicioso que trataba de evitar la despoblación de la franja central de Andalucía, Sierra Morena, la zona de Despeñaperros, lo que traía importantes problemas económicos. Pretendía potenciar y modernizar la agricultura, y -en especial- incrementar seguridad en muy amplios territorios dominados por forajidos y contrabandistas.


Para repoblar estas zonas se trajeron a colonos de Europa, principalmente campesinos católicos de Alemania, Flandes, Suiza y Francia, quienes llegaron ante la promesa de que les entregarían tierras, beneficios fiscales y la protección de la corona. Se calcula que llegaron unos 6.000 colonos, el reclutamiento fue dirigido por el fraile franciscano Juan Gaspar de Thürriegel.


Olavide diseñó y llevó a cabo proyectos para la construcción de nuevas poblaciones (pueblos), con diseños rectilíneos y con estándares urbanísticos propios de la ilustración, incluyendo diseños de iglesias, escuelas, casas igualitarias y tierras comunales, buscando una mayor productividad y equidad. Estos estándares ya los había aplicado en la reconstrucción de la ciudad de Lima.

Los equipamientos públicos, y otros muchos más aspectos fueron regulados en el Fuero de las Nuevas Poblaciones de Andalucía (aprobado en 1.767 y vigente hasta 1.835 en que se derogó como motivo de las leyes liberales de Mendizábal). 

Este Fuero, y las normas complementarias subsiguientes, trataban de regular todos los aspectos necesarios para la incardinación de los nuevos pobladores, siendo sus aspectos fundamentales los siguientes;


  • Exención de impuestos (alcabalas y diezmos) para los colonos durante 10 años.

  • Exención del servicio militar para fomentar su estabilidad.

  • Cada familia recibía: unas 32 hectáreas de tierra (con derecho a transmitirla a sus herederos), vivienda, útiles para la agricultura-ganadería y simientes

  • Los gobiernos locales era nombrados por el gobierno,

  • Se crearon un tribunal específico,

  • Se eliminaron las tasas y monopolios feudales,

  • Se establecía la obligación de trabajar,

  • El catolicismo era la única religión admitida, si bien con ciertas concesiones para las costumbres de los colonos extranjeros.

  • Escuela primaria para niños y niñas.



No obstante tanta regulación y previsión se produjeron inicialmente bajas por la falta de adaptación de estas personas al clima tan riguroso de la zona, y ante la falta de medios…Aunque pasadas muy pocas décadas se pudo comprobar la plena integración de las personas que llegaron allende nuestras fronteras y la desaparición plena de sus idiomas originales se completó en pocos años.

Entre las Nuevas Poblaciones se pueden destacar: 


  • En Jaén; La Carolina, Santa Elena, Carboneros, Arquillos, Guarromán, 

  • En Córdoba: La Carlota, San Sebastián de los Ballesteros, Fuente Palmera, Fuente Carreteros (pedanía de Fuente Palmera), Villafranca de Córdoba (aunque ya existía, fue reformada bajo el proyecto), Aldeaquemada.

  • En Sevilla; La Luisiana, Cañada Rosal (segregada de La Luisiana en 2016),

  • En Cádiz; Prado del Rey.


De aquel proyecto subsisten hoy día las nuevas poblaciones (municipios) que se crearon, sus trazados y estética urbana (con plazas octogonales y calles rectas, y tejados a dos aguas), una mayor abundancia de andaluces rubios con los ojos claros y altura superior a la media en la zona, y algunos apellidos como Eiffel (o Effel) en La Carlota y Fuente Palmera, Müller (transformado en Moler o Múler) – La Carlota, Dietrich (castellanizado como Ditrich o Díaz) en La Carolina, Hinestrosa (de origen alemán, adaptado al español) en La Luisiana, Neff (o Nef) en Fuente Palmera, Böhl (luego castellanizado como Buel o Bühl) en La Carlota, Rúger (o Ruger) en La Carolina y Guarromán, Winter en San Sebastián de los Ballesteros, Ríder en la Carlota y Fuente Palmera….


También en la cultura, fiestas y folklore han  quedado algunos rasgos (lógicamente mezclados en los autóctonos) aún hoy visibles como la Fiesta de los Colonos (La Carlota, Córdoba), el baile de las Cintas (danza de origen germánico que se baila en círculo alrededor de un poste, similar a tradiciones de Baviera o Austria), la Romería de San Isidro (La Luisiana, Sevilla).

En la gastronomía, quedan algunos elementos de la Fusión Andaluza-Centroeuropea, como el salchichón de campo (embutido ahumado, tradición alemana y flamenca que se sigue realizando en La Carlota y Fuente Palmera), los kuchen (tartas de frutas),  los "bollos de colono" hechos en hornos de leña.


En la agricultura persisten hoy el cultivo intensivo de patatas y col fermentada, la rotación de cultivos, la celebración de las cosecha (con degustación de vinos y cervezas artesanales).


SU CAÍDA A MANOS DE LA INQUISICIÓN.

Comenzó a dejar de ser relevante cuando la Inquisición toma partido en su contra ante las acusaciones de que fue objeto de herejía y liberalismo religioso. 


En efecto, estaba muy influído por ideas ilustradas: admiraba a Voltaire y Rousseau, que criticaban la superstición y el poder clerical. 


Se le acusó de cuestionar dogmas, de defender la tolerancia religiosa y de leer libros prohibidos, de invitar en sus tertulias a críticos con la Iglesia y de no frecuentar la Misa. De permitir matrimonios mixtos con protestantes, de proteger a masones. Menguó privilegios de congregaciones religiosas. Se granjeó la enemistad de los nobles por su rápido ascenso.


Con todos estos cargos, la Inquisición lo arrestó en 1776 y lo sometió a un largo interrogatorio. Fue condenado a reclusión en un monasterio por 8 años (En La Cartuja de las Fuentes, Huesca), se le confiscaron bienes y fue desterrado a perpetuidad de Sevilla y Madrid.


Toda esta actuación de la Inquisición contra él no fue otra cosa que un golpe de poder del antiguo régimen frente a un ilustrado. La monarquía, Carlos III, no le apoyó pues en juego estaba el apoyo clerical.


Escapó a Francia (1780), periodo en que viaja y conoce Europa (1780-1798).


Vivió en París (allí escribió su obra más famosa, El Evangelio en triunfo, 1797). 


Suiza e Italia: Visitó Ginebra y Nápoles, buscando refugio durante la Revolución Francesa (1789),.


Tras el perdón de Carlos IV regresó a España  en 1798, aunque nunca más volvió a tener relevancia.

EL FINAL DE SUS DÍAS. 


Acompañado de su sobrina y heredera, falleció en 1803 en Baeza (Jaén, España), a los 78 años, en una finca llamada La Mezquita, debido a la edad y posiblemente enfermedades crónicas derivadas de sus años de prisión y exilio.


Sus restos reposan en la Iglesia de San Pablo de Baeza, aunque no están identificados.


SU BORRADO DE LA HISTORIA.


Tras su condena, se le intentó “borrar de la historia”, eliminar su legado, tanto por razones políticas como modales. Se trató de una actuación sistemática y decidida en la que se dieron múltiples acciones, que merecen ser enumeradas:

 

  • Se le silenció en las crónicas oficiales,

  • Se secuestró y quemaron de sus escritos por orden de la Inquisición (informes sobre las Nuevas Poblaciones, textos filosóficos, su libro El Evangelio en triunfo fue incluido en el Índice de Libros Prohibidos), 

  • Se eliminaron documentos de su gestión como intendente de Sevilla, 

  • En el Archivo General de Simancas, muchos documentos relacionados con Olavide fueron ocultados o "extraviados" durante el siglo XIX, 

  • Su nombre fue eliminado en las Nuevas Poblaciones haciéndose referencia en la historia de este proyecto sólo a la Corona,

  • La Inquisición difundió panfletos describiéndolo como "ateo, corrupto y enemigo de España", se le asoció con la "leyenda negra" de la Ilustración  y como un títere de Francia). 

Todas estas acciones trajeron como consecuencia que fuese durante siglos un personaje prácticamente desconocido, y que en la “nómina” de ilustrados que estudiamos en el bachillerato (Floridablanca, Campomanes, Jovellanos, Marqués de Esquilache, Celestino Mutis…) no apareciera.

SU REHABILITACIÓN. 

Se puede decir que fue víctima de la ley del péndulo: demasiado ilustrado para el siglo XVIII, demasiado religioso para los liberales del XIX. La historia nos recuerda que el progreso siempre tiene enemigos, las ideas, al final, sobreviven.


Hacia 1960 el historiador Marcelin Defourneaux comenzó a rescatar su legado.


La democracia española sacó este personaje de su olvido histórico, también lo hicieron los Ayuntamientos de las Nuevas Poblaciones, reconociéndolo expresamente.


Se puede incidir que en 1997 la Junta de Andalucía,  es quien da el verdadero paso hacia adelante para restablecerlo, dándole su nombre a la segunda Universidad Pública de Sevilla. Sin duda, con esta actuación se quiso hacer justicia a la memoria del ilustrado limeño y a su labor en Andalucía, poniendo en valor su obra de modernización, progreso y desarrollo de Andalucía. 

Muy posiblemente se quiso, además, escoger su nombre por la excelencia y modernidad académica que esta nueva Universidad pretendió lograr desde un inicio, y que desde hace mucho tiempo es ya realidad. 

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No sé si alguien accederá a este artículo, pues no suelo publicitarlos ni difundirlos...Menos aún si alguien llegará a leerlo. Queda aquí mi experiencia y recopilación de información sobre este personaje tan sumamente interesante.

Luna de Avellaneda: Una película que emociona, inspira y nos conecta con lo esencial.

A veces la vida te regala una tarde perfecta para reencontrarte con algo especial. Para mí, ese reencuentro fue con "una vieja amiga...