viernes, 26 de febrero de 2010

El cansancio...y la vida.

Estoy muy cansado. Ahora sé lo que es.

Durante muchos años no supe jamás lo que era estar cansado. Dormía poco. Podía trabajar, y hacer cosas y cosas durante horas...y cuando paraba era porque realmente tocaba parar no porque tuviese la necesidad de hacerlo.

Se me viene a la cabeza un recuerdo de la infancia: mi abuela Rosario (madre de mi madre) se quejaba muy a menudo de que le dolía hasta el corazón.

A pesar de que era una persona con minusvalías, muchísimos dolores, dolencias y no pocas enfermedades, era la persona más trabajadora, voluntariosa, limpia y piadosa (no olvido nunca de ella la devoción con que rezaba todos los días las tres partes del Santo Rosario) que jamás he conocido, a mí me parecía exagerado de que se quejase de dolor en corazón.

Una vez se lo rebatí; le dije: "el corazón no duele"...Ella no entró a discutir conmigo, y me remitió a mi futura experiencia....que ya he vivido. Y no tengo más remedio que darle la razón; el corazón duele. Y además uno se cansa, y se cansa mucho y cuando eso ocurre no se pueden hacer todas las cosas que a uno le gustaría.

Todo esto me lleva a una reflexión que por otra parte es absolutamente obvia; la vida está compuesta de distintos momentos, y cada uno de ellos debe tener su propio contenido. No podemos hacer las mismas cosas con veinti-pocos años que con cuarenta y muchos.

Me comentaba no hace mucho un compañero que ya no volverá cumplir 65 años que durante años acumuló libros para "devorarlos" cuando se jubilase...Ahora le gustaría mucho poder hacer eso, pero sus circunstancias de salud sólo le permiten leer una media hora al día...

Esto es así para todo; el sexo o el deporte que no hagamos mientras que podemos no es recuperable, como tampoco lo es -o puede no serlo- el amor, el cariño, la sonrisa, etc que podamos dispensar a quienes nos rodean o a quienes nos necesitan.

Cuántos chascos nos llevamos por no saber planificar nuestra vida como lo que realmente es; algo temporal, contingente y de duración -y calidad- incierta.

Es muy cierto el aforismo que dice "cada día tiene su afán", aunque lo sustituiría por otro que se me antoja mejor, más completo, más concluyente; "Cada día, cada momento, es único e irrepetible"...

Afortunadamente todavía mi cansancio tiene un periodo de recuperación corto, y es llevadero...y todavía tengo capacidad para leer, y dar y recibir amor, cariño y sonrisas...y para más cosas.

Ya estoy mucho mejor de mi cansancio.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Cadena perpetua.

He tenido ocasión de ver hace unos días una película extraordinaria, que trajo de regalo el diario ABC; Cadena Perpetua (Shawsshank Redemption, 1994).

Yo no la había visto en su día. Narra la historia de Andy Dufresne, un joven directivo de la banca que es acusado de matar de su esposa y de la amante de ésta, y que es condenado a cadena perpetua, a pesar de no haber sido él el autor de estos crímenes.

La película narra perfectamente no sólo cómo es el ambiente de la cárcel, sino que tiene el gran mérito adicional de hacernos sentir lo que se vive dentro de ésta. Nos sabe transmitir el complicado e incluso íntimo estado anímico de los protagonistas.

No sólo vemos cómo Andy Dufresne llega a un aparetente estado de abandono de sí mismo, de su dignidad, y de su humanidad...sino que también casi se nos hace partícipes de su frustración y sus sentimientos...

...Aunque sólo aparentemente...porque cuando el cine alcanza la real categoría de séptimo arte, te encuentras que, por mor de unas excelentes interpretaciones, realización, dirección y guión, la historia que parece real, cruda e irreversible, se torna en un momento en esperanza y alegría para los protagonistas...y para los espectadores, que sienten la trama como propia.

Las interpretaciones protagonistas, Tim Robbins y Morgan Freeman, son extraordinariamente brillantes y en todo momento convincentes...Y las de los autores secundarios también muy destacadas.

La película nos cuenta varias historias cortas que discurren en paralelo con la trama principal, y nos deja unas piezas musicales de mucha calidad, y muy ajustadas a la película...Resulta memorable la escena en que Andy Dufresne consigue hacer sonar en la megafonía del presidio una excelente ópera italiana, lo que le cuesta un castigo...al tiempo que la admiración de todos.

Muy recomendable desde mi punto de vista. Saludos.

lunes, 22 de febrero de 2010

Ser uno mismo


¡Qué importante ser uno mismo!. Parece una perogrullada, porque no podemos ser más que nosotros mismos, pero tenemos -sin embargo- una enorme tendencia a despitarnos, y a pensar que somos o que queremos ser algo diferente a lo que de veras somos.


¿Qué nos lleva a no centranos en nosotros mismos? Tal vez a esta pregunta haya tantas respuestas como posibles interrogados. En mi caso creo que lo tengo claro; me preocupa más de lo que debería lo que piensen los demás, más bien lo que creo que a su vez piensan los demás de mí.

Hace unos meses me propuse perder algo de peso.... Conseguí perder un poco con la inestimable ayuda de mi esposa... Conforme fui lográndolo estaba contento, ilusionado, me sentía feliz... Y he de confesar que me alegraba imaginar el momento en que reencontrarme con determinadas personas que pudieran reconocerme esta tan necesaria y deseada mejora.
Una parte muy importante de la ilusión que me suscitaba mi "logro" se basaba en lo que opinasen los demás, y reconozco también que era un acicate importante a mi empeño en mantener y perseverar en la bajada de peso.
Somos así, quizá algo simplones o primarios. Nos retrata bien el famoso chiste del que naufraga y llega a una isla desierta en compañía de Claudia Schiffer.

Un buen día, según recuerdo, me llevé un gran disgusto...Alguien me dijo que al parecer no soy plato de gusto para una persona que conocía por la que no sentía gran estima puesto que no me parecía ni honesta ni sincera. Sin embargo, he de reconocer que saber esto me dolió, me provocó disgusto. Lo noté en la boca del estómago y en mi estado de ánimo el resto de aquel lejano día.

Fue aquella una de esas tardes en las cuales me he encontrado mal en mi vida, en la que me he sentido triste...y ese sin sabor y mal cuerpo no me abandonaba ni siquiera en los momentos en los que lograba pensar en otras cosas...Una de esas veces en que las malas sensaciones, las malas ondas prevalecen más allá de los pensamientos.
¿Cómo me sentía? Triste, desilusionado, injustamente valorado, ignorado...

¿Cómo debí superar esto? Desahogándome (escribiéndolo, contándolo, pensándolo...), y con pensamientos positivos.

¿Tanto me importa, de verdad lo que piensen los demás? ¿Tanto debería importarme? Son dos buenas preguntas, y se requiere un gran ejercicio de auto-sinceridad para poder responder esto.

Llego a la honesta conclusión de que no debería importarme tanto lo que piensen los demás de mí, que debo tener yo clara y como objetivo mi propia hoja de ruta, pero tengo que ejercitarme y poner puntos de esfuerzo para desinhibirme y no sufrir ante posibles preocupaciones por opiniones ajenas...en especial cuando vengan de personas cuya opinión pueda no ser objetiva, seria, desinteresada o bien intencionada.

domingo, 21 de febrero de 2010

No entiendo esto del fútbol

Hoy me he llevado un buen berrinche en Carranza viendo el último partido de mi equipo, que sólo conseguía un empate ante el líder de la categoría a pesar de ponerse hasta en dos ocasiones por delante en el marcador.

Los que me conocen en mi faceta de aficionado al fútbol me dicen que suelo ser bastante pesimista, aunque yo me defiendo diciendo que sólo soy realista.

Mi desilusión de hoy tiene que ver con el hecho de que he vuelto a percatarme una vez más de que no entiendo nada en absoluto cómo funciona el tema del fútbol...se dirime por infinidad de factores, de los cuales muy pocos son racionales.

Temporadas atrás he visto a mi equipo lograr importantes metas contando con una plantilla muy modesta y con un cuerpo técnico voluntarioso y animoso a la vez que inexperto.

Estoy cansado de ver cómo la suerte se ceba con quien está más en racha, y cómo a quien va mal las cosas se complican cada vez más haga lo que haga, y aunque objetivamente sea mejor.

Lo que sí voy viendo jornada tras jornada, temporada por temporada, es cómo las grada de nuestro estadio están cada vez menos pobladas, cómo los aficionados se van cansando y van perdiendo la ilusión que no hace demasiados años tenían.

Recuerdo como si fuese hoy cuando en la temporada 2002-2003 volví a engancharme a esto del fútbol, después de años años distante, física y espiritualmente, con la escusa de que tenía que llevar al fútbol a mi hijo.

Militaba entonces mi equipo en 2ºB (forma eufemística de llamar a la tercera división), y el estadio estaba siemple lleno...No cabía un alfiler, la mayoría de los hinchas era gente muy joven, y no se paraba de animar al equipo en los 90 minutos en que duraba el choque...Comprendí en aquel momento que se habían reinventado todos los himnos y cánticos cadistas, que se puede disfrutar lo mismo en primera división que la tercera, y que la afición al fútbol para mí era una manera de volver a la infancia.

Desde entonces ha pasado de todo...no me he repuesto aún del descenso a la 2ª B en la temporada 2005-2006...ni siquiera el ascenso en tiempo y de forma récord me ha podido compensar de aquel enorme disgusto.

Y uno se pregunta, ¿por qué he salido hoy tan disgustado del estadio?, ¿cómo es que todavía no me he repuesto del todo de aquel descenso a pesar de que ya se ascendió?, ¿para qué voy yo al fútbol?, si me obligaran a ir ¿iría?....

Algo no está bien en una afición que te cuesta dinero, que te propina más sinsabores que alegrías, que te distancia en momentos puntuales y periodicos de la familia...

¿Hay algo positivo en todo eso? Me da la impresión que sólo los ratos de convivencia con amigos, y la oportunidad de conocerlos.

Hoy me pide el cuerpo retirarme a tiempo de todo esto...no me falta demasiado para decidirme.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Necesidad de amar y de ser amados



Reflexionaba esta mañana con compañeros de trabajo durante el desayuno acerca de los distintos roles que cada uno asumimos en las relaciones con los demás.

Hace ya mucho tiempo que comprendí que cada vez que trabamos relación con otras personas se produce de forma innata, automática e inmeditada una soterrada pugna entre personalidades tras la cual, o en el curso de la cual se determinan tácitamente los roles que corresponden a cada uno en esa nueva relación.

Esos "repartos" están presentes en todas las relaciones humanas. Es un asunto que tienen perfectamente estudiado tanto los psicólogos como los antropólogs...y todos -además- lo comprobamos a diario.

Es un algo así como un "marcar" territorio de unos sobre otros.

Del equilibrio de ese pacto inicial (difícilmente las reglas del juego se cambian) depende cómo son las relaciones personales, si existe afinidad ("química") o animadversión entre los sujetos.

No sé a quién le oí en una ocasión una reflexión personal acerca de porqué determinadas mujeres con fuerte carácter y temperamento dominante es muy difícil que se lleven bien entre ellas...

Normalmente buscamos en nuestro cónyuge, novio/a, amigo/a un complemento a lo que de por sí somos cada uno... por eso en la diversidad -incluso en la disparidad- solemos encontrar la horma de nuestro zapato.

A mí, por ejemplo, me gusta conducir pero no me gusta hacer el esfuerzo de localizar direcciones y de marcar las rutas de un viaje; por eso mi compañero/a de viaje ideal es aquel que me deja conducir y a la vez me va indicando el camino a seguir sin que yo tenga que prestar atención a mapas o forzar mi capacidad de orientación espacial.

Me siento incómodo cuando quien está a mi lado se inhibe del problema de la orientación y soy yo quien tiene que ir vislumbrando la ruta....Y me siento menos cómodo si me llevan...puedo llegar hasta aburrirme.

Es difícil en las relaciones interpersonales conscientes cerrar tratos y acuerdos, y sorprendentemente sencillo lograrlos en el plano de las relaciones normalmente subconscientes a las que antes me refería.

Todos tenemos necesidad de amar y de ser amados...De ser sujeto y objeto de amor, y compatibilizar esas necesidades requiere de ese justo o equilibrado reparto .

martes, 16 de febrero de 2010

El mismo amor, la misma lluvia

El pasado domingo el ABC traía un verdadero regalo; una película en DVD que me pareció extraordinaria...."El mismo amor, la misma lluvia".

Vi la película en mi ordenador portátil, estando solo y sin interrupciones.

Me gustó mucho, como siempre, y ya de entrada el verbo fácil y exótico de los argentinos, rica y bien sazonada mezcolanza latina entre españoles e italianos.

No soy nada erudito en cine sin embargo me recordó al mejor Felini el desarrollo de la trama.

Se desarrolla entre escritores y periodistas en el seno de la redacción de una revista. Como fondo la historia y la economía Argentina de los últimos años, y en primer plano claramente retratados en cada fotograma, sus sentimientos, amores, desamores y fustraciones...Frustraciones personales, y colectivas.

El nivel de la interpretación de la mayoría de los actores y actrices lo considero de sobresaliente. Destaco, sin dudarlo, las interpretaciones de Ricardo Darín, y la de la coprotagonista, Soledad Villamil.

Darín hace una interpretación muy buena, quizá no la mejor de su carrera, pero me tiene mal acostumbrado a este nivel interpretativo.

Interpretaciones como la de Soledad no recuerdo muchas. Es convincente en todo momento, domina todos los registros, y es capaz de llenar absolutamente cada escena.

Yo no conocía o no había reparado jamás en esta actriz...No sabía lo que me estaba perdiendo, de veras.

Por si alguien leyera esto es conveniente no extenderme más...Recomiendo esta película. Merece la pena verla despacio, sin interrupciones...y disfrutar muy especialmente de los diálogos y encuentros que en clave de pasión se producen entre los personajes que interpretan Darín y Villamil.

Indagar sobre estos actores en internet tras la película me dejó otra grata sorpresa, que de invito a disfrutar; http://www.youtube.com/watch?v=w2besfb0bsY

lunes, 15 de febrero de 2010

Aquel día

Aquel día sentí que todo lo que habitualmente considero importante había perdido peso, y sólo me importaba compartir tiempo y afectos con mi familia.

Había aparcado mi coche en un buen sitio, y me preguntaba cuánto tiempo tardaría en volver a conducirlo, o si sería otra persona (¿quién, cuándo y con qué ánimo?) la que tuviese que hacerse cargo.

La vida, a la postre, no es más que una simpleza. Se rige por leyes de probabilidad y de temporalidad, a las que no nos gusta mirar frente a frente; es por eso que nos ocupamos con tantas cosas superfluas que nos permiten vivir dando la espalda a nuestra realidad y anestesiando nuestra esencial percepción.

Un parón en la vida nos hace perder en un solo instante todo lo superfluo y accesorio, elimina de la escena todos los decorados y parapetos, y sólo percibimos nuestra Realidad .

En esos momentos, ante la Verdad desnuda, ni la religión ni el miedo son importantes...Al menos no lo fueron para mí, que me sentía muy en paz...

Si se supera el trance, si se sobrevive a él, nada vuelve a ser como fue...aunque tenemos la tendencia a acorazarnos de nuevo -muy poco a poco, pero sin pausa- tras tantas y tantas cosas, que ya sí que sabemos que no nos importan de veras.

Pd.-Dedicado a Marisa, mi esposa.

Luna de Avellaneda: Una película que emociona, inspira y nos conecta con lo esencial.

A veces la vida te regala una tarde perfecta para reencontrarte con algo especial. Para mí, ese reencuentro fue con "una vieja amiga...