sábado, 21 de junio de 2025

UNIDAD EN LA IGLESIA CATÓLICA.

El afán por inventar...por obviar lo fundamental centrándose en lo accesorio y por polarizar y enfrentar...también en la Iglesia.

Creo que es afán común en las sociedades humanas la creación de grupos, instituciones diversas, para los más variados fines, y una constante la pretensión de dotarlos de una estructura institucional, de unos cargos, que permitan a quienes tienen aspiraciones de dirigir o ejercer una función política o administradora alcanzar un protagonismo buscado con mayor o menor disimulo o consciencia.

Abundan las instituciones o grupos en los que se ha olvidado o relegado la razón fundamental que justificó su creación, mutándose ésta en la pretensión de prolongar la institución o grupo en el tiempo...Son una constante las luchas por hacerse con sus riendas, también las corrientes internas o grupúsculos.

Viene pasando esto mismo, y ha pasado desde un principio, mucho me temo, en la Iglesia Católica. 

Ya en mi infancia, y sobre todo en mi juventud, siempre me sorprendía el número tan elevado de Congregaciones Religiosas, después también de Movimientos Eclesiales. Y dentro de cada grupo también sus corrientes internas, subgrupos y guerras o guerrillas.

En ocasiones me preguntaba por las diferencias entre unos y otros, y siempre me escandalizaba la pretensión de casi todos -más o menos velada, pero siempre presente- de pretender justificarse y ser ellos -precisamente ellos, o ellas- los mejores.

Recuerdo cuando por mi ciudad era frecuentísimo ver por todos sitios Hijas de la Caridad...Tenían varios colegios, estaban muy presentes en el sistema sanitario, atendían a personas necesitadas….Y que las confundía con las Hijas de María Auxiliadora (Salesianas), pues hacían muchas cosas muy parecidas, y la indumentaria no era muy dispar, pero sí distinta...y unas devotas de La Milagrosa, otras de María Auxiliadora.

Entendí pronto que las diferencias estaban en el origen de las congregaciones, y que hacían básicamente las mismas cosas...Y casi con un mismo estilo.

Me preguntaba, sin embargo, si después de tanto tiempo de existencia de ambas Congregaciones estaba justificado que no se agrupasen o que no hicieran labor conjunta. Esto me lo pregunté en concreto esto con motivo del fallecimiento de una Hija de María Auxiliadora. 

También si es lógico o posible que el Señor estuviera contento con que cada grupo trabajara en pro de su Reino estando de espaldas el uno al otro, como evidencié precisamente al enterarme que las Hijas de la Caridad en su mayoría no conocían a la salesiana que había fallecido a 400 metros de su colegio dedicándose exactamente a lo mismo.

Recuerdo que por aquel entonces ya mi párroco, de los Padres Paúles, me habló del tema de los carismas. Yo le entendí perfectamente y a la primera, pero le pregunté si a su juicio era bueno que ellos y los salesianos (distantes 600 metros aproximadamente) apenas se conocieran, cuando se dedicaban a lo mismo casi, y vestían ya entonces en su mayoría de lo mismo (de paísano).

También que en aquella época que ya se empezaba a vislumbrar el post concilio, y cómo la Iglesia se dividía y resquebrajaba en dos bloques; los mal llamados conservadores, los mal llamados progresistas...Ambos grupos absolutamente despistados de aquel mandato del Señor, “que todos sean uno” (San Juan 17-21), enfrascados en discutir cómo hay que vestir, cuánto hay que rezar, o si son más importantes los pecados de cintura para abajo o las faltas de caridad/solidaridad con el próximo.

A mí me escandalizó, y me hizo un daño, cuando -no citaré aquí a nadie- alguien encargado de mi formación intentaba hacer ver que “su grupo” eran los mejores, que vestían como había que vestir, y que estaban centrados en lo que tenían que estar centrados, pues los curas no tenían que ejercer de Asistentes Sociales ni ir a tantas reuniones...Todas aquellas “enseñanzas” recibidas por mí, me llevaron a minusvalorar a muchos, a considerarles errados y prácticamente siniestros. 

Recuerdo “desconectar” en las Misas en las homilías de aquellos sacerdotes que vestían de paísano, desde el convencimiento de que estaban confundidos, que podían confundirme a mí también.

Desde el otro lado, también recuerdo que se trataba muy frecuentemente de hacerme ver que cuanto me estaban enseñando, que mi celo en el tema de la oración y de los sacramentos, era un postura farisaica que colocaba en un segundo plano los principales mensajes de Jesús.

Era yo aún menor de edad, y ya había trazado un muro entre los de un bando y los otros...La Iglesia polarizada...los guais o los pardos, los rojos y los fachas, los conservadores y los progresistas...Aquello de que todos seamos uno ?? Todos hermanos ?? Seguimos al mismo Señor ??

Me impactó el final de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Se había caracterizado precisamente por su rigor doctrinal y su gran formación. Me había impresionado oírle predicar (en reportajes de TV). Sin embargo, las circunstancias que vivió su país y la América Latina del momento determinó que muriese mártir por denunciar -legítima y muy valientemente- en público la injusticia que estaba viviendo la sociedad a la que predicaba. 

No le conocí entonces, pero luego sí, y no poco, a un jesuita argentino llamado Jorge Bergoglio que luego llegaría a ser el Papa Francisco...Ha sido llamado el Papa los pobres… y quizá por esto se le intentó situar en el bando más distante a la doctrina de la Iglesia. Se omite que, en sus comienzos, no aceptaba la deriva que estaba tomando su Compañía de Jesús (y gran parte de la Iglesia) en América. Por ello, recibe “una patada hacia arriba” (en su trasero) de parte de los suyos, que le llevó a ser primero Obispo Auxiliar de Buenos Aires, y después a la cátedra de San Pedro...Y desde ahí además de ser “etiquetado” en un bando ha sido atacado sin piedad y con muchísima cobardía, por parte de otros sectores de la Iglesia...precisamente a él, que por ser fiel y riguroso con la doctrina recibió aquella patada hacia arriba. Cosas veredes.

¿Qué no hablar de los Movimientos Eclesiales Católicos, esas nuevas realidades que vinieron tras el Concilio para dar mayor protagonismo a los laicos ante la caída de las congregaciones de religiosos y religiosas?.

Cada uno se ha iniciado a través un carisma infundido por el Señor al fundador o fundadora, y que suponen una vía, un camino, un estilo, de vivir “en cristiano” (un carisma). Yo siempre me pregunto de verdad si todos son realmente necesarios, si unos no se pisan a otros, si de verdad, de verdad, de verdad de la buena, el mismo Dios ha infundido a todos los fundadores la necesidad de crear esas nuevas realidades. También me pregunto si todos ellos tienen que subsistir indefinidamente o si es bueno que compitan en captar miembros.

Muchos tienes con objetos muy parecidos. 

Los fundadores (¡todos mucho mejores que yo!) se han apuntado “a inventar”, a “innovar” nuevas vías o estilos de ser cristianos. La intención siempre buena, pero estas realidades eclesiales están aquejadas de errores humanos:

  • También hay movimientos “conversadores” y “vanguardistas”...los de cada “lado” se creen mejores que los de “otro”.

  • Hay movimientos muy similares hasta en el nombre...Equipos de Nuestra Señora, Encuentro Matrimonial, Encuentro Conyugal, Amor Conyugal...Juventudes Marianas Vicencianas...Juventudes Marianas Recoletas...Hogares Don Bosco…Cursillos de Cristiandad, Emaús, Hakuna...

¿¿De verdad, de verdad, quiere el Señor tantos movimientos similares haciendo cosas tan parecidas??...para colmo, en ocasiones en algunos hay casi más dirigentes que miembros, a veces disputándose su dirección, otras con “corrientes” internas...y muchas veces más centrados en sus diatribas internas que en acercar almas al Señor.

Para mí esto es francamente descorazonador...Y lo hemos visto recién con la sede vacante tras el fallecimiento del Papa Francisco..Todos empeñados adivinar si vendría un Papa “de un lado o del otro”...y una vez proclamado todos queriendo hacer ver que el elegido, es “acorde” el grupo de cada uno.

Humildemente creo, que debería trabajarse mucho en que los católicos y cristianos estuviésemos enfocados en el mensaje de Jesús, y en la unidad...

En pro de ambos objetivos, entiendo que hay que “racionalizar” tanto grupo, congregación o movimiento, con fusiones, absorciones o disoluciones según la autoridad de la Iglesia considere necesario.

¿Cuándo dejaremos los católicos de mirarnos el ombligo y nos centraremos en lo verdaderamente importante? Soy el primero que tengo que ponerme las pilas...Esto depende de cada uno de nosotros.

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