CÓMO ME TROPIEZO CON ESTE PERSONAJE “DESCONOCIDO" (PARA MÍ).
Pronto Google me dio las primeras pistas; Pablo de Olavide y Jaúregui (1725-1803), una de las figuras más importantes de la ilustración española. Un intelectual sumamente prolífico; abogado, escritor, político y principalmente innovador. Encarnó en su vida el espíritu de la contradicción entre el antiguo régimen y las ideas más innovadoras.
Profundicé bastante en su historia, me pareció absolutamente fascinante, y llegó a hacerme sentir incluso mal el reconocer que hasta ese momento -como la mayoría de los españoles- absolutamente la había ignorado.
SUS ORÍGENES.
Español de pura cepa, nacido en Lima (entonces Virreinato de Perú) el 25 de enero de 1725, en una familia acomodada, descendiente 100 % de navarros.
Con 17 años ya se había graduado en Derecho. Pronto ocupó cargos relevantes como profesor universitario y en el Ayuntamiento de su ciudad, que quedó devastada tras el terremoto (seguido de un devastador tsunami) de 1746. Perdió en aquella tragedia gran parte de su familia y de su fortuna.
LA RECONSTRUCCIÓN DE LIMA.
Asumió una gran parte de la gestión de la reconstrucción de la ciudad tras nombramiento del Virrey debiendo hacerse cargo de la gestión de las donaciones de la corona, la supervisión de la recaudación de los impuestos especiales, la coordinación de las obras públicas y la ayuda a los damnificados.
Tras estos trabajos fue acusado de usar dinero público para beneficio personal, falta de transparencia y de enriquecimiento sospechoso.
Fue demandado judicialmente por la administración colonial, lo que le llevó a exiliarse en España donde logró rehabilitarse gracias a sus conexiones con círculos ilustrados y el favor real.
EN LA ESPAÑA PENINSULAR.
En España, ya en 1750, llamó pronto la atención a los ilustrados y a la propia corona. Carlos III lo catapultó convirtiéndole en una de las figuras claves de las reformas borbónicas. Entre sus principales cargos cabe destacar que fue Intendente de la Ciudad de Sevilla, y Superintendente de las Nuevas Poblaciones de Andalucía.
Se casó dos veces con mujeres de la alta sociedad. Con Isabel de los Ríos (1753), una viuda adinerada de Sevilla que falleció pronto y con María Ana de Castilla, noble, que le acercó a la Corona. No tuvo hijos, aunque estuvo muy unido a una sobrina (hija de su hermano) que fue su heredera.
INTENDENTE DE LA CIUDAD DE SEVILLA.
Nombrado Intendente (hoy diríamos Alcalde) de la ciudad de Sevilla en 1767, en la que hizo importantes reformas orientadas a su modernización, seguridad y productividad.
Urbanizó y rotuló las calles. Hizo transitables las márgenes del río Guadalquivir. Construyó teatros. Promovió las artes y la cultura. Fundó la Real Sociedad Patriótica de Sevilla (1767) y la Real Fábrica de Tabacos. Creó escuelas públicas. Iluminó calles. Implementó saneamiento para las viviendas. Reguló la legalización de las construcciones. Creó la Guardia de Sala. Reguló la prostitución. Potenció la agricultura…
Puede afirmarse que hizo de la actual capital de Andalucía una ciudad más moderna, productiva y saneada. Sentó las bases de las reformas liberales del siglo XIX.
Incluso impulsó la primera vacunación masiva en la ciudad contra la viruela, lo que no pudo realizarse por la finalización de su mandato tras su enfrentamiento con la Inquisición en 1776.
SÚPER INTENDENTE DE NUEVAS POBLACIONES DE ANDALUCÍA Y SIERRA MORENA.
Su experiencia y transformación de Sevilla llevó a su designación como Superintendente de Nuevas Poblaciones de Andalucía. Se trataba de un proyecto impulsado por la Corona muy ambicioso que trataba de evitar la despoblación de la franja central de Andalucía, Sierra Morena, la zona de Despeñaperros, lo que traía importantes problemas económicos. Pretendía potenciar y modernizar la agricultura, y -en especial- incrementar seguridad en muy amplios territorios dominados por forajidos y contrabandistas.
Para repoblar estas zonas se trajeron a colonos de Europa, principalmente campesinos católicos de Alemania, Flandes, Suiza y Francia, quienes llegaron ante la promesa de que les entregarían tierras, beneficios fiscales y la protección de la corona. Se calcula que llegaron unos 6.000 colonos, el reclutamiento fue dirigido por el fraile franciscano Juan Gaspar de Thürriegel.
Olavide diseñó y llevó a cabo proyectos para la construcción de nuevas poblaciones (pueblos), con diseños rectilíneos y con estándares urbanísticos propios de la ilustración, incluyendo diseños de iglesias, escuelas, casas igualitarias y tierras comunales, buscando una mayor productividad y equidad. Estos estándares ya los había aplicado en la reconstrucción de la ciudad de Lima.
Los equipamientos públicos, y otros muchos más aspectos fueron regulados en el Fuero de las Nuevas Poblaciones de Andalucía (aprobado en 1.767 y vigente hasta 1.835 en que se derogó como motivo de las leyes liberales de Mendizábal).
Este Fuero, y las normas complementarias subsiguientes, trataban de regular todos los aspectos necesarios para la incardinación de los nuevos pobladores, siendo sus aspectos fundamentales los siguientes;
Exención de impuestos (alcabalas y diezmos) para los colonos durante 10 años.
Exención del servicio militar para fomentar su estabilidad.
Cada familia recibía: unas 32 hectáreas de tierra (con derecho a transmitirla a sus herederos), vivienda, útiles para la agricultura-ganadería y simientes
Los gobiernos locales era nombrados por el gobierno,
Se crearon un tribunal específico,
Se eliminaron las tasas y monopolios feudales,
Se establecía la obligación de trabajar,
El catolicismo era la única religión admitida, si bien con ciertas concesiones para las costumbres de los colonos extranjeros.
Escuela primaria para niños y niñas.
Entre las Nuevas Poblaciones se pueden destacar:
En Jaén; La Carolina, Santa Elena, Carboneros, Arquillos, Guarromán,
En Córdoba: La Carlota, San Sebastián de los Ballesteros, Fuente Palmera, Fuente Carreteros (pedanía de Fuente Palmera), Villafranca de Córdoba (aunque ya existía, fue reformada bajo el proyecto), Aldeaquemada.
En Sevilla; La Luisiana, Cañada Rosal (segregada de La Luisiana en 2016),
En Cádiz; Prado del Rey.
De aquel proyecto subsisten hoy día las nuevas poblaciones (municipios) que se crearon, sus trazados y estética urbana (con plazas octogonales y calles rectas, y tejados a dos aguas), una mayor abundancia de andaluces rubios con los ojos claros y altura superior a la media en la zona, y algunos apellidos como Eiffel (o Effel) en La Carlota y Fuente Palmera, Müller (transformado en Moler o Múler) – La Carlota, Dietrich (castellanizado como Ditrich o Díaz) en La Carolina, Hinestrosa (de origen alemán, adaptado al español) en La Luisiana, Neff (o Nef) en Fuente Palmera, Böhl (luego castellanizado como Buel o Bühl) en La Carlota, Rúger (o Ruger) en La Carolina y Guarromán, Winter en San Sebastián de los Ballesteros, Ríder en la Carlota y Fuente Palmera….
También en la cultura, fiestas y folklore han quedado algunos rasgos (lógicamente mezclados en los autóctonos) aún hoy visibles como la Fiesta de los Colonos (La Carlota, Córdoba), el baile de las Cintas (danza de origen germánico que se baila en círculo alrededor de un poste, similar a tradiciones de Baviera o Austria), la Romería de San Isidro (La Luisiana, Sevilla).
En la gastronomía, quedan algunos elementos de la Fusión Andaluza-Centroeuropea, como el salchichón de campo (embutido ahumado, tradición alemana y flamenca que se sigue realizando en La Carlota y Fuente Palmera), los kuchen (tartas de frutas), los "bollos de colono" hechos en hornos de leña.
En la agricultura persisten hoy el cultivo intensivo de patatas y col fermentada, la rotación de cultivos, la celebración de las cosecha (con degustación de vinos y cervezas artesanales).
SU CAÍDA A MANOS DE LA INQUISICIÓN.
Comenzó a dejar de ser relevante cuando la Inquisición toma partido en su contra ante las acusaciones de que fue objeto de herejía y liberalismo religioso.
En efecto, estaba muy influído por ideas ilustradas: admiraba a Voltaire y Rousseau, que criticaban la superstición y el poder clerical.
Se le acusó de cuestionar dogmas, de defender la tolerancia religiosa y de leer libros prohibidos, de invitar en sus tertulias a críticos con la Iglesia y de no frecuentar la Misa. De permitir matrimonios mixtos con protestantes, de proteger a masones. Menguó privilegios de congregaciones religiosas. Se granjeó la enemistad de los nobles por su rápido ascenso.
Con todos estos cargos, la Inquisición lo arrestó en 1776 y lo sometió a un largo interrogatorio. Fue condenado a reclusión en un monasterio por 8 años (En La Cartuja de las Fuentes, Huesca), se le confiscaron bienes y fue desterrado a perpetuidad de Sevilla y Madrid.
Toda esta actuación de la Inquisición contra él no fue otra cosa que un golpe de poder del antiguo régimen frente a un ilustrado. La monarquía, Carlos III, no le apoyó pues en juego estaba el apoyo clerical.
Escapó a Francia (1780), periodo en que viaja y conoce Europa (1780-1798).
Vivió en París (allí escribió su obra más famosa, El Evangelio en triunfo, 1797).
Suiza e Italia: Visitó Ginebra y Nápoles, buscando refugio durante la Revolución Francesa (1789),.
Tras el perdón de Carlos IV regresó a España en 1798, aunque nunca más volvió a tener relevancia.
EL FINAL DE SUS DÍAS.
Acompañado de su sobrina y heredera, falleció en 1803 en Baeza (Jaén, España), a los 78 años, en una finca llamada La Mezquita, debido a la edad y posiblemente enfermedades crónicas derivadas de sus años de prisión y exilio.
Sus restos reposan en la Iglesia de San Pablo de Baeza, aunque no están identificados.
SU BORRADO DE LA HISTORIA.
Tras su condena, se le intentó “borrar de la historia”, eliminar su legado, tanto por razones políticas como modales. Se trató de una actuación sistemática y decidida en la que se dieron múltiples acciones, que merecen ser enumeradas:
Se le silenció en las crónicas oficiales,
Se secuestró y quemaron de sus escritos por orden de la Inquisición (informes sobre las Nuevas Poblaciones, textos filosóficos, su libro El Evangelio en triunfo fue incluido en el Índice de Libros Prohibidos),
Se eliminaron documentos de su gestión como intendente de Sevilla,
En el Archivo General de Simancas, muchos documentos relacionados con Olavide fueron ocultados o "extraviados" durante el siglo XIX,
Su nombre fue eliminado en las Nuevas Poblaciones haciéndose referencia en la historia de este proyecto sólo a la Corona,
La Inquisición difundió panfletos describiéndolo como "ateo, corrupto y enemigo de España", se le asoció con la "leyenda negra" de la Ilustración y como un títere de Francia).
Todas estas acciones trajeron como consecuencia que fuese durante siglos un personaje prácticamente desconocido, y que en la “nómina” de ilustrados que estudiamos en el bachillerato (Floridablanca, Campomanes, Jovellanos, Marqués de Esquilache, Celestino Mutis…) no apareciera.
SU REHABILITACIÓN.
Se puede decir que fue víctima de la ley del péndulo: demasiado ilustrado para el siglo XVIII, demasiado religioso para los liberales del XIX. La historia nos recuerda que el progreso siempre tiene enemigos, las ideas, al final, sobreviven.
Hacia 1960 el historiador Marcelin Defourneaux comenzó a rescatar su legado.
La democracia española sacó este personaje de su olvido histórico, también lo hicieron los Ayuntamientos de las Nuevas Poblaciones, reconociéndolo expresamente.
No sé si alguien accederá a este artículo, pues no suelo publicitarlos ni difundirlos...Menos aún si alguien llegará a leerlo. Queda aquí mi experiencia y recopilación de información sobre este personaje tan sumamente interesante.
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