Ceuta, ciudad española pero en suelo africano, uno de los postes del Estrecho de Gibraltar y a su retaguardia Marruecos.
Vila Real de Santo Antonio, fundada en el siglo XVIII por el Marqués de Pombal, separada de España solo por el río Guadiana.
Son ciudades-frontera, ambas costeras, puntos de conexión de países y culturas, enclaves del comercio y la movilidad humana.
Durante años, ambas ciudades florecieron gracias al comercio transfronterizo. Los cambios normativos y la globalización frenaron ese modelo de éxito, llevándolas a buscar nuevas oportunidades.
A Ceuta se accede desde España generalmente mediante barco (el ferry), y cada vez más en helicóptero.
Vilareal emplazada frente a Ayamonte. En el lado portugués de la desembocadura del Guadiana. Bajo el influjo tanto de las mareas como la escorrentía del río.
Hasta 1991 en que se inauguró el puente sobre el Guadiana, el paso a Villareal desde Ayamonte sólo era posible a través de una barcaza. La otra opción desde España un largo trayecto por carretera accediendo a Portugal mucho más al norte (por el Rosal de la Frontera, por Badajoz…). Hasta el Tratado de Schengen en 1995 con control aduanero.
En efecto, era muy frecuente encontrar en la ciudad norteafricana tanto productos alimenticios que no existían en el mercado español tan autárquico de la época de la dictadura. Múltiples marcas de chocolates (en la península sólo un par de ellas), de tabaco, de galletas, mantequillas, etc que no estaban presentes en la península y que nos resultaban muy exóticas. También productos de tecnología de importación, desconocidos, inexistentes e incluso aparentemente mucho más avanzados que los de la península. Y a un precio que resultaba atractivo.
Esto justificaba atravesar el Estrecho de Gibraltar y visitar esta ciudad sólo para ir de compras, porque no se reparaba -al menos yo, y quienes conozco- en absoluto ni en su riqueza monumental ni cultural ni en la historia, ni en el potencial turístico de este enclave.
Como mucho, quizá me resultaba exótico el ver, tratar y oír (en más que perfecto castellano) a ceutíes de procedencia árabe o hindú.
Ceuta para los peninsulares -así la conocí yo- era sólo un centro comercial, una larga calle de compras. Visitarla era una especie de ginkana de un solo día intentando comprar cuanto más mejor…parando sólo para dar cuenta de un bocadillo que llevábamos de casa o para tomar una tapita… Ginkana, que terminaba en la prueba final de sortear una aduana en el Puerto de Algeciras controlada por Guardias Civiles de los de tricornio. Bastante rigurosos, por lo general.
Paralelamente Vila Real de Santo Antonio, era también una oportunidad para efectuar compras.
La diferencia de nivel de vida entre España, y la calidad de las telas y confecciones textiles portuguesas justificaba realizar en un solo día muchísimos kilómetros para disponer de unas horas en esta ciudad portuguesa trayendo como botín sábanas, toallas, paños y demás textiles a precios inalcanzables en España.
Recuerdo cómo en Cádiz, distante 264 kilómetros, se organizaban excursiones en autobús para en un día conseguir estas ventajosas compras, y que esas excursiones eran muy exitosas.
Obviamente que en aquellos maratones el objetivo primordial -el que yo recuerdo- eran las compras. Ningún otro. Sí recuerdo que allí me encantaba escuchar el acento portugués de aquellos comerciantes, que -por cierto- dominaban el castellano más que suficientemente.
Hoy día las cosas han cambiado mucho. He tenido la ocasión de visitar con una distancia de pocas semanas ambas localidades, y todo parecido con lo anterior es mera coincidencia.
Empecemos por decir que el control aduanero entre Ceuta y el resto de España prácticamente ha desaparecido. El control fronterizo entre Portugal y España ya no existe.
Ceuta apenas conserva unas poquitas tiendas del estilo de aquellos bazares de antaño, y lo que podemos encontrar en sus comercios es prácticamente lo mismo que en cualquier otro lugar de España. Hoy los mercados son globales, y las marcas nacionales brillan por su ausencia.
Por contra, Ceuta se ha convertido en un destino turístico muy atractivo…La ciudad es hoy para mucha más gente en puerta de acceso a Marruecos, combina su patrimonio histórico-artístico (murallas, arquitectura militar y playas) con una gastronomía que mezcla influencias andaluzas y magrebíes se ha dotado de una hostelería bastante muy atractiva. Y de piscinas públicas, visitas guiadas, hoteles…y se vende más y mejor todo lo mucho que tienen que enseñar.
Paralelamente, Vila Real hoy día ya no es una ciudad de compras…Sigue teniendo algunas tiendas pero muchísimas menos que años atrás. Los precios son muy similares a los que existen en España, o tal vez más altos en muchos casos. Además, y creo que éste es un factor importante, la inmensa mayoría de los artículos que antes eran casi exclusivos ahora ya no lo son.
Sigue agradando visitar Vila Real pero por rememorar viejos tiempos, por disfrutar de la gastronomía portuguesa, ahora a un precio más elevado, pero todavía extraordinaria y diferencial. Hoy valoramos en esta ciudad lusa otras muchas cosas, como su elegante trazado pombalino, sus playas vírgenes como la de Monte Gordo y su cercanía a espacios naturales como el Parque Natural da Ria Formosa, lo que atrae a visitantes en busca de sol y tranquilidad. Y sigue siendo la puerta de acceso desde el sur de la provincia de Huelva al Algarve.
Salta a la vista, pues, que ambas ciudades cuentan -también ahora- con desafíos compartidos. Enfrentan retos similares: diversificar su economía más allá del comercio y del turismo, tratando de mantener su identidad frente a la globalización. La capacidad de adaptación histórica demostrada es el mejor aval. Podemos, pues, afirmar que las dos miran al mar y también al futuro con esperanza, demostrando que las fronteras, lejos de ser límites, son su gran oportunidad.
Entiendo que la globalización ha traído como algunas de sus consecuencias el que las industrias nacionales hayan menguado mucho en cuanto a su autarquía, haya crecido la interdependencia y la deslocalización, y en cuanto a que lo que ofrece el mercado al consumidor sea prácticamente lo mismo en todas partes.
También han cambiado muchas de nuestras motivaciones y objetivos… Cuando visitábamos -hablo por mí- estas ciudades por compras poco importaba su historia, relativamente poco su gastronomía, y no despertaba ni un poquito nuestra curiosidad su patrimonio histórico-artístico.
Todo cambia. Son dos ciudades muy diferentes, pero aprecio todos estos paralelismos y cambios. No sé si he sido capaz de expresarlo.
Gibraltar y Andorra quizá sean dos enclaves con los que se podrían trazar similitudes y diferencias.
Villa Real de Santo Antonio:
https://www.youtube.com/watch?v=mLmzmeV7QvQ
Ceuta:
https://www.youtube.com/watch?v=IjIAgrRZIWk&t=44s
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