jueves, 25 de marzo de 2010

Tras la tempestad viene la calma.

Tras la tempestad viene la calma.

Al menos suele venir. En la naturaleza a la zozobra le termina siguiendo la inacción, calma chicha. Llega un momento en que todo se tranquiliza y en el que lo había sido convulso deja de serlo para apaciguarse.
Me pregunto, ¿cómo fue el momento de quietud tras la batalla de Trafalgar?....Básicamente –seguro- de un triste y ahogado sosiego y paz. Las aguas teñidas del rojo-sangre pero con una quietud desafiante a la capacidad humana de romper equilibrios y cercenar vidas.
Las tempestades en las relaciones humanas vienen marcadas por los enfados y por la ira…Éstos a su vez son como torrentes de agua que habiendo estado estancada se liberan de repente y –con toda su fuerza- arramblan con todo lo que haya por delante. ¿Los motivos? … Terminan por no ser importantes.
Estas situaciones no pueden ser más desagradables de lo que de por sí son, pero siempre podemos extraer de ellas cosas positivas, incluso muy positivas si sabemos aprovecharlas convenientemente.
Se precisa para ello inteligencia emocional, que es una capacidad generalmente innata. Puede, no obstante, cultivarse y propiciarse si de veras estamos dispuestos a asumir el reto de saber extraer jugo a las oportunidades que nos da la vida…incluso cuando pintan pardas.
No son pocos los ejemplos de personas que han sabido aprovechar una enorme dificultad, contratiempo o trastorno en su vida…merecido o inmerecido, debido o no al azar, para obtener de la flaqueza, virtud; de la hecatombe, brotes.

Una lesión que trunca temporal o definitivamente la trayectoria de un deportista de élite en más de una ocasión ha servido para que éste aprendiera un idioma o terminase unos estudios universitarios.
Es famoso el caso de Julio Iglesias, que encuentra tras un accidente y sentado en una silla de ruedas, el camino para casi terminar sus estudios de derecho y el sendero que le llevó a la fama y a la fortuna como cantante.
La mayoría de los ejemplos que nos pudieran interesar son mucho menos espectaculares, y están relacionados con nuestra humildad; con nuestra capacidad de agachar la cabeza, de aguantar un chaparrón o terremoto, recuperar y hacer acopio de fuerzas, y reemprender la marcha, con más fuerza, con más convicción, con la propia de quien sabe de sus propias debilidades y defectos, de quien conoce sus limitaciones, y también lo que los demás piensan o pueden llegar a pensar de nosotros….Entre otras cosas, porque lo han podido oír alto y claro con ocasión de un ataque de cólera.
Recuerdo momentos duros en los que supe reconocer que yo había fallado…sin entrar a valorar la justicia o injusticia, el acierto o desacierto en la actuación de los demás. Momentos en los que me arrepentí de mis errores y en los que opté por soportar humillaciones, y ponerme en marcha.

Son recuerdos hermosos, duros y que me despiertan un cierto sentimiento, similar al de ternura, hacia mí mismo. Me resulta emotivo aunque un poco uphill (perdón) rememorarlo.
Es lo que tiene.

martes, 23 de marzo de 2010

Pagar los platos rotos.

Siempre que pienso en los refranes me acuerdo de uno disuasor: “hombre refranero, hombre majadero”. La verdad es que no dejan de sorprenderme en ocasiones la gran verdad y las lecciones que encierran muchos: “el jefe y del mulo, cuanto más lejos más seguro”… “si quieres saber lo que vale un potro, vende el tuyo y compra otro”…

Hoy, en este momento, tal vez por mi estado de ánimo, me paro en la frase hecha y por todos manida que encabeza este texto; “pagar los platos rotos”…. Y me doy cuenta de que quien la inventó era alguien que un buen día tuvo que pagar o penar por algo que no había hecho y que no le correspondía….pero los platos estaban hechos añicos y alguien tenía que recibir el castigo, la sanción o que efectuar el resarcimiento de/a un tercero que manda y que precisa desahogarse señalando con el dedo o con la zarpa a un chivo expiatorio. A un pobre diablo que pasaba por allí y que ni podía ni estaba preparado para defenderse de una situación que –por irreal- jamás podía tener prevista.

En una ocasión hace muchos años viví una circunstancia que ahora he rememorado; un grupo de cobardes murmuraban a espaldas de un tercero inocente que además confiaba en ellos…Tanta fue la murmuración, tanta la mentira, tanta la cobardía de aquella gente, que llegó un momento en que terceras personas llegaron a estar convencidas de que era un verdadero canalla, al que castigaron duramente y sin posibilidad de retorno.

Tras causar aquel daño, quien lo infringía se da cuenta de que ha sido injusto, de que ha dañado a un inocente, a alguien a quien han traicionado sus amigos…a alguien que no se defendió porque jamás entendió que tuviera que hacerlo, porque no había salido a una cancha de combate.

Muchas veces el daño no tiene retorno.

El tiempo pone a cada uno en su sitio, pero a veces por el camino quienes lo transitan se dejan girones de la piel, muy tristemente, por bulos y acusaciones cobardes e indeseables.

¡¡Y qué triste resulta, además, para quien ha sido injustamente objeto de vapuleo ver cómo terceras personas acuden para justificarse, para excusarse, para falsamente expresar una solidaridad que no tienen!!.... Y es que a veces el sentimiento de culpabilidad, sorprendentemente, es más fuerte que la propia cobardía y que la mezquidad… y en esa victoria de la culpabilidad el cobarde, mezquino, traicionero e insolidario se delata y queda en evidencia.

Y hay evidencias, que cuando son espontáneas y compartidas por quienes mantienen posturas contrapuestas en un asunto, tienen para ambos –digan de boquilla lo que digan- la fuerza de la verdad patente en la que no pueden engañar ni engañarse mirando al contrario cara a cara.

Me decía no hace demasiado tiempo un colega, que ciertas evidencias convencen más que la contemplación de la pura realidad de las cosas. Y es verdad. Y más aún cuando has visto los ojos y contemplado la actitud de quien viene a expresarte unas explicaciones, unas excusas, y una falsa solidaridad que no has pedido, que no necesitas, que no sólo no te sirve para nada, sino que además te hace daño.

Dios nos puede ayudar a saber personar, pero como bien dice Don Manué “arrepentidos nos quiere Dios”…cuando metemos la pata, cuando hacemos daño a un tercero injustamente…
“La caridad bien entendida empieza por uno mismo” (otro refrán), y no parece justo que nos despreciemos hasta el punto de pasar por alto y gratis afrentas injustas sin una sincera petición de disculpas, sin un desagravio honesto ante tanto daño.

Recuerdo todavía como si fuera hoy cómo quedó hace tantos años aquel querido amigo cuando de forma irremediable y sumarísima fue pasado por el cadalso por alguien que ya había agotado su paciencia tras escuchar tantas y tantas veces cosas negativas y medias verdades sobre el ajusticiado, que no se defendía, pero que con los ojos lo estaba diciendo todo. Y cómo tras infringirle el daño su causante –sin ya remedio- se percataba de la injusticia de su actuación…y las cobardes actuaciones de los instigadores ya descritas.

El ánimo puede repararse, pero las cicatrices pueden llegar a cubrir casi toda la piel. También la piel del alma. Y esos costurones, esas huellas, aunque no se ven, duelen siempre, dañan y afean aún más.

martes, 16 de marzo de 2010

El deporte y la superación, nunca es demasiado tarde...

Dicen que hacer deporte produce endorfinas, y que éstas producen mucha satisfacción y bienestar general.

Los péptidos opioides son polipéptidos pertenecientes al grupo de los compuestos neuropéptidos. Al igual que otros agentes afines, éstos presentan propiedades neuromoduladoras. Son producidos en la glándula pituitaria y el hipotálamo en vertebrados durante ejercicios vigorosos, excitación, y risa; y se parecen a los opiáceos en su habilidad para producir analgesia y una sensación de bienestar. Las endorfinas actúan como "eliminadores naturales del dolor", cuyos efectos pueden potenciar el de otras medicaciones.

Si de algo me arrepiento en relación con el ejercicio físico que vengo realizando desde primeros de agosto pasado a razón de una hora y cuarto casi todos los días, es de no haber empezado a realizarlo unos cuantos años antes.

Me he pasado buena parte de mi juventud y primeros años de madurez aparentando y también últimamente- sintiéndome mayor de lo que era en cada momento.... ¿El motivo? Pues uno casi matemático, durante mucho tiempo ingería muchas más calorías de las que realmente consumía.

Cuando transcurren años sin abandonar el sobrepeso, cuando las personas que bien te quieren te insisten en la necesidad de un cambio, cuando te sorprendes un buen día sintiendo como un "drama" el que tienes que agacharte para tomar (no empleo el verbo "coger" para no escandalizar a los amigos argentinos) algo que se te ha caído del suelo...y el disgusto viene porque nos cuesta trabajo "descender" hasta el nivel del pavimento...

...Cuando ocurre todo eso, decía, y además hemos fracasado en un par de dietas milagrosas que nos hemos propuesto, nuestro nivel de autoestima suele caer por los suelos... Y cuando eso ocurre nos volvemos más vulnerables, todo nos afecta más, tenemos mayor tendencia a perder la alegría, a sentirnos menos o peores que otras personas...y terminamos por resignarnos a no ser como nos gustaría, y todo ello desde el reconocimiento de nuestra triste realidad; no tenemos fuerza de voluntad, vulgo güevos, para ponernos pie en pared y agarrar el timón de nuestra nao.

La autoestima es un sentimiento muy profundo del ser humano, también llamado amor propio o autoapreciación, que pone en relación el concepto o la idea que tiene de sí mismo, su autoquerencia o amor a sí mismo, la percepción que presume tienen los demás de él mismo, y el nivel de autosatisfacción en relación con todo ello.

El nivel de autoestima determina en muchas ocasiones la diferencia entre personas felices y personas infelices, personas eficaces e ineficaces, personas laboriosas u ociosass, personas introvertidas y extrovertidas, etc, etc...

Creo que cuanto mayor sea el nivel de autoestima de un sujeto en mayor grado éste estará en posesión de otras muchas virtudes, habilidades, destrezas, felicidad y bienestar personal.

...Y una buena parte de esa autoestima se ve favorecida, por lo que parece, por las endorfinas, y por ende por el deporte. Y lo he comprobado en carnes propias. Y me siento cada vez más fuerte y mejor. Y estoy comprobando cómo esas endorfinas de veras que existen, y que son más efectivas y favorecedoras que cualquier medicina de botica, noto cómo trato de invertir el balance ingesta de calorias versus consumo y cómo estoy tratando de tomar "el timón".

Y merece la pena, siempre merece la pena superarnos, controlarnos...El resultado del esfuerzo siempre está a nuestro favor.

He llegado tarde al deporte, pero nunca es demasiado tarde...

sábado, 13 de marzo de 2010

El Secreto de sus Ojos


Acabo de ver El Secreto de sus Ojos.
Es un filme de Juan José Campanella que está de actualidad porque recién ha logrado un Óscar en Hollywood a la mejor película extranjera.
La historia narra una investigación judicial y personal de un crimen. Es interesante e intrigante, pero más allá de todo ello la película resulta bella por la forma en que se interpreta, por su música, cadencia y plástica.
Los protagonistas principales, Ricardo Darín y Soledad Villamil, realizan extraordinarias interpretaciones en la película…
Interpretaciones en plural porque cada uno da vida a su personaje en dos momentos temporales diferentes separados un cuarto de siglo y que se intercalan de continuo a la largo de la película.

Llama la atención cómo a los actores casi no se les caracteriza, y cómo nos muestran convincentemente cada uno dos personajes tan distintos y tan iguales…Sólo un cambio de peinado y gafas en el caso de Villamil, un distinto recorte de barba y algunas canas en el caso de Darín, llegan a ser suficientes sin requerirse las muletas de un mayor disfraz.
La historia es hermosa e interesante, está bien contada, interpretada y realizada, la música es muy apropiada, pero quizá el elemento de más calidad en la película para mí es la emoción que saben transmitir los principales protagonistas cuando se miran a los ojos.
Creo que esa magia, esa química entre ellos, que además también nos resulta permeable a través de la pantalla tiene tanta fuerza que los personajes no necesitan darse mutuamente detalles…Son diálogos cortos, con pocas palabras. Todo se lo dicen con la mirada…Y para el espectador es igual, no se precisan explicaciones ni que se narre nada más. La comunicación está en la mirada, y lo que se transmite es más sentimiento que argumento o historia.
Esa alquimia tan especial, esa emoción que nos suscita, va más allá de la dirección, de la interpretación, del arte y del guión. No se puede simular ni producir, si realmente no brota de una forma espontánea…. Y no son logro nuevo ni exclusivo de esta película, al menos en otra película anterior (El mismo amor, la misma lluvia), la chispa ya saltó...y la pudimos percibir a través de la pantalla.
Estoy convencido de que para quienes han votado este Óscar ha tenido mucho peso esas miradas…Muy probablemente a ellos habrá tardado mucho de borrárseles de la retina la imagen de Villamil mirando a Darín, y que a ellas le habrá ocurrido lo mismo respecto de la de Darín hacia su compañera.
¿Cuáles te han gustado más a ti?

Luna de Avellaneda: Una película que emociona, inspira y nos conecta con lo esencial.

A veces la vida te regala una tarde perfecta para reencontrarte con algo especial. Para mí, ese reencuentro fue con "una vieja amiga...