¿Se han invertido los papeles en el ámbito económico entre Portugal y España?
A comienzos de los últimos años 90 me instalé con toda la familia en la provincia de Huelva. En aquella época comencé a visitar con regularidad el sur de Portugal, que entonces nos resultaba muy atractivo en precios para nuestro poder adquisitivo.
Todavía aún no se había inaugurado el puente Internacional sobre el Guadiana, y el paso por Ayamonte tenía que realizarse en barcaza desde Ayamonte.
Cuando se llegaba en aquel entonces a Portugal parecía que nos habíamos transportado a la postguerra española tal como nos la describían nuestros mayores.
Había una diferencia abismal en el nivel de vida. La hostelería, la gasolina, el tabaco, el café y los productos textiles eran evidentemente más económicos. Y todo más rústico, más austero, como más antiguo.
Los portugueses respecto a nosotros vivían justamente la situación contraria: para ellos el nivel de vida de España era inalcanzable, por lo que era verdaderamente difícil encontrarles de vacaciones o de compras en España. Nos veían como mucho más avanzados en casi todo.
Hoy, más de tres décadas después, la situación ya no es la misma.
Es frecuente encontrar portugueses pasando sus vacaciones en España, lo que tiene como única posible explicación que la diferencia entre el nivel de vida de ambos países ha tenido que cambiar. Al mismo tiempo ya no resultan ningún chollo los precios que los españoles podemos encontrar al otro lado de la frontera.
La crisis financiera global de 2008 golpeó más duramente a Portugal, llevando a su gobierno en 2011 a solicitar un rescate financiero a la Unión Europea (UE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE). Trajo consigo duras medidas de austeridad, que aunque generaron protestas sociales y mucho sufrimiento en la población, sentaron las bases para una recuperación económica a largo plazo.
Recuerdo de aquella época una visita a Lisboa donde nos llamaba la atención que pensionistas muy mayores, y que nos decían que había sido profesores o funcionarios, se dedicaban a vender a los turistas por la calle diversos artículos (corbatas, pañuelos, latas de refresco...) porque nos contaban -alguno de perfecto castellano- que con la pensión no les llegaba.
Tras unos años de austeridad, la reducción del déficit público, la recuperación de la confianza en los mercados fue una realidad que permitió que a partir de 2015 comenzara un periodo de recuperación económica de la mano del incremento de la inversión extranjera, de la mejora del turismo, y del crecimiento de las exportaciones. Todo es permitió la minoración de las medidas de austeridad y de asfixia económica sobre la población.
Portugal supo reinventarse, haciéndose -además- país puntero en campos como las energías renovables, tecnologías digitales, y modernización industrial.
Todo este proceso explica el cambio que anteriormente referíamos. Siendo altamente descriptivos de este proceso el que los lusos nos han superado en cuanto a mejora de los salarios, menor tasa de desempleo, contención del precio de la vivienda y servicios básicos, en menor presión de la inflación y en capacidad de ahorro.
Aunque el PIB español per cápita de este momento pueda ser superior, nuestro estancamiento salarial y la inflación han mermado nuestro poder adquisitivo…Esto hace que -en términos generales- un trabajador portugués pueda ganar algo menos que un español pero que pueda sacar mayor rendimiento de su renta salarial.
Todo esto, obviamente, explica en buena medida lo que señalábamos en un principio…Lástima que ambos pueblos no estén aún más unidos como seguro que la mayoría de ciudadanos a ambos lados de la frontera desearían.
