Catalina de Aragón es uno de esos personajes de nuestra historia que siempre despertó mi curiosidad, y realmente tenía bastante información acerca de su biografía, y también sobre sus antecedentes, e influencia posterior.
Como la obra anterior que he
comentado, encuadraría este libro en la categoría de “divulgación histórica”.
En ningún momento lo consideraría “novela” histórica porque la única trama que
el autor va tejiendo en su narración es exclusivamente la que le brindan los
datos históricos que va aportando…
Tampoco convierte el autor su obra en un manual (académico) de historia, lo que lo hubiese hecho denso, y tal vez excesivo y aburrido para el gran público…Por el contrario, la narración que realiza -la de los acontecimientos que considera que acaecieron en la vida de Catalina- es por sí misma lo suficientemente atractiva, y la adereza con una redacción sencilla y amena.
Hay varias ideas que extraigo de la
lectura de este libro, y que quizá no había nunca antes visto con tanta nitidez;
- Catalina, como el resto de hijos de los Reyes Católicos, fue un cromo más en las negociaciones de las políticas matrimoniales de sus padres…Uno no comprende cómo impusieron estos matrimonios (a ella y a su hermana Isabel en concreto dos) cuando su madre no admitió no decidir por sí misma cuando su medio hermano el Rey Enrique IV le intentó imponer nupcias.
- Se nos muestra también que en la disputa acerca de si su matrimonio con su primer marido, Arturo, llegó o no a consumarse, que ningún tratadista -a ninguna de la dos orillas del Canal de la Mancha- considera honesta y sincera la pretensión de Enrique VIII (decía que “estaba viviendo en pecado” con su esposa porque ésta había llegado a “consumar” con su difunto hermano…sin que a su escrúpulos afectaran los más mínimo la multitud de amantes que tuvo)…y ello a pesar del inmenso esfuerzo propagandístico que éste llevó a cabo, y de la represión a la que sometió a su reino para hacer valer su argumento.
- Queda también patente que esta Reina logró ganarse la consideración del pueblo británico, de entonces y posterior, por sus cualidades…mientras que el “respeto” que lograba Enrique VIII se basa mucho más en su caprichoso y cruel ejercicio del poder. Así ha pasado a la historia, así lo retratan las películas y series de televisión.
- ¿Qué pudo motivar aquella actuación del Rey…? Deduzco que, el hecho de que estaba, no diría enamorado sino “encoñao” (no encuentro otra palabra más adecuada), y que se vio “obligado” (como gran calzonazos) a ceder, a aceptar las condiciones que le imponía una muy ambiciosa y manipuladora Ana Bolena, que no sólo le exigía casarse para poder “estar” con él, sino que además fue la artífice, la muñidora, de los duros castigos y humillaciones con que el Rey sometió a su esposa (en vida y tras su muerte) e incluso a su hija…De no haber existido el parentesco tan directo con el Emperador, con Carlos V, presumo que habrían sido ambas ejecutadas tras el pertinente martirio para satisfacer a quien después mandó ejecutar.
- La ruptura de la Iglesia Británica con Roma, no sólo obedeció a un problema “de faldas” del monarca, sino también a muchos intereses de una buena parte de aquella Iglesia, que estaba francamente corrompida, y que vio una vía de escape en las ideas de Martín Lutero y una oportunidad en el “capricho” (“encoxxmiento”) del Rey.
- El ejemplo de coherencia de muchas personas y congregaciones religiosas, de entre las que con mayor notoriedad han pasado a la historia el canciller Tomás Moro y el obispo Juan Fisher…Conocer de nuevo de ellos, y con cierto detalle, me ha impactado, tanto como en pensar en otras muchas personas anónimas, a las que la coherencia, sin ninguna posibilidad de enfrentarse a los caprichosos designios del Rey, les llevó a una muerte con martirio.
Recomiendo “Catalina de Aragón: Reina de Inglaterra” de Giles Tremlett, pues ha logrado sobradamente captar la atención de este lector durante 520 páginas, lo que no
es tarea nada fácil.