viernes, 7 de octubre de 2011

El hombre de al lado.


Otra más de cine argentino. Distinta a todas las demás. Actual; de 2010. Me ha gustado bastante. Cuenta una historia sencilla, simple, y con muy pocos medios.  

Versa sobre los problemas que plantea a un adinerado y afamado diseñador, que vive en una digamos curiosa y pretendidamente llamativa casa diseñada por Le Corbusier en La Plata (que existe en la realidad en tal ciudad y que se denomina Casa Curutchet), un vecino que decide por su cuenta y riesgo abrir una ventana frente a su vivienda ignorando toda posible servidumbre de vistas y el respeto a cualquier norma.

La cinta logra mantenernos atentos, y nos hace reflexionar…  En mi caso particular ha sido así.

Me he visto reflejado en ciertos aspectos en el vecino injuriado, Leonardo (interpretado por Rafael Spregelburd), no porque yo sea ni afamado ni adinerado como él, sino porque el hombre no se atreve –en parte por vanidad- a defender sus legítimos derechos, porque no es capaz de enfrentarse ni al vecino, ni a su entorno, ni a su esposa, ni a sí mismo….Y (se) engaña a todos diciendo que ha puesto en su sitio al de enfrente. Y no se lo cree nadie (ni él mismo).

Su comportamiento es el propio de un calzonazos, un cobarde, un mentiroso…Por miedo, por complejos y por vanidad no es honesto. Y esto le afecta de tal modo que acaba por descomponerse, y llega a tener problemas profesionales, familiares y personales.

Él es así. Competente, un triunfador, pero también orgulloso/vanidoso y cobarde… Y que no es capaz de afrontar ni superar el miedo. Puede llegar a ser muy duro despeinarse. Y le pasa con el vecino, pero podría haber sido con cualquier otra cosa… Él es un fraude, también lo es su matrimonio, y cuanto tiene con él relación…y lo será/n hasta que no sea capaz de asumir y afrontar sus miedos y dificultades.

El vecino infractor, Victor (interpretado por Daniel Aráoz),  es, creo, el prototipo de lo que simbolizan las palabras argentinas boludo, pelotudo…Más bien alguien reboludo, repelotudo, soez, sin educación, desafiante, desesperante, incansable, entrometido, y absolutamente insoportable…un sujeto que, sin embargo, tiene –en su tremenda reboludez y repelotudez- algunos detalles nobles tan inesperados como necios e innecesarios.

La película tiene momentos brillantes  y buen ritmo…Aunque al final hay partes algo lentas. A mí me gustó especialmente el pasaje en que Bernardo decide ponerse a nivel de Víctor…termina pagando las consecuencias, y pasa miedo… Se hizo realidad la moraleja de ese refrán que dice; “nunca pelees con un tonto, porque para ello te has de poner a su nivel, y en él te gana”.

En fin, eché un buen rato…Y recomiendo la película, pues es una historia entretenida, curiosa, muy bien interpretada, y que hace pensar… Cuenta con un elenco de actores mínimo, y en el entorno casi exclusivo de una casa, para mi gusto no demasiado bella… como casi todas las obras de arquitectura diseñadas con el objetivo de llamar la atención, ser original y pasar a la posteridad… pero ése es otro debate. 


Luna de Avellaneda: Una película que emociona, inspira y nos conecta con lo esencial.

A veces la vida te regala una tarde perfecta para reencontrarte con algo especial. Para mí, ese reencuentro fue con "una vieja amiga...