Aquel día sentí que todo lo que habitualmente considero importante había perdido peso, y sólo me importaba compartir tiempo y afectos con mi familia.
Había aparcado mi coche en un buen sitio, y me preguntaba cuánto tiempo tardaría en volver a conducirlo, o si sería otra persona (¿quién, cuándo y con qué ánimo?) la que tuviese que hacerse cargo.
La vida, a la postre, no es más que una simpleza. Se rige por leyes de probabilidad y de temporalidad, a las que no nos gusta mirar frente a frente; es por eso que nos ocupamos con tantas cosas superfluas que nos permiten vivir dando la espalda a nuestra realidad y anestesiando nuestra esencial percepción.
Un parón en la vida nos hace perder en un solo instante todo lo superfluo y accesorio, elimina de la escena todos los decorados y parapetos, y sólo percibimos nuestra Realidad .
En esos momentos, ante la Verdad desnuda, ni la religión ni el miedo son importantes...Al menos no lo fueron para mí, que me sentía muy en paz...
Si se supera el trance, si se sobrevive a él, nada vuelve a ser como fue...aunque tenemos la tendencia a acorazarnos de nuevo -muy poco a poco, pero sin pausa- tras tantas y tantas cosas, que ya sí que sabemos que no nos importan de veras.
Había aparcado mi coche en un buen sitio, y me preguntaba cuánto tiempo tardaría en volver a conducirlo, o si sería otra persona (¿quién, cuándo y con qué ánimo?) la que tuviese que hacerse cargo.
La vida, a la postre, no es más que una simpleza. Se rige por leyes de probabilidad y de temporalidad, a las que no nos gusta mirar frente a frente; es por eso que nos ocupamos con tantas cosas superfluas que nos permiten vivir dando la espalda a nuestra realidad y anestesiando nuestra esencial percepción.
Un parón en la vida nos hace perder en un solo instante todo lo superfluo y accesorio, elimina de la escena todos los decorados y parapetos, y sólo percibimos nuestra Realidad .
En esos momentos, ante la Verdad desnuda, ni la religión ni el miedo son importantes...Al menos no lo fueron para mí, que me sentía muy en paz...
Si se supera el trance, si se sobrevive a él, nada vuelve a ser como fue...aunque tenemos la tendencia a acorazarnos de nuevo -muy poco a poco, pero sin pausa- tras tantas y tantas cosas, que ya sí que sabemos que no nos importan de veras.
Pd.-Dedicado a Marisa, mi esposa.
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