martes, 22 de junio de 2010

"El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve".


"El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve", Antonio Machado.

Me acordé hace un par de días de esa frase de Antonio Machado, aunque a decir verdad me acordé de la frase y no de su autor.
Había acudido a la fiesta de graduación en ESO de mi hijo. Una fiesta sencilla, austera y alegre, preparada en poco tiempo y sin demasiados artificios, casi íntima entre alumnos, profesores y padres.

Tuve que asistir solo pues mi esposa estaba trabajando. Llegué un poco tarde, pero justo a tiempo; mi hijo me lo agradeció mucho, y yo me sentí dichoso de compartir aquel rato con él. No lo comentamos, pero con la mirada nos lo dijimos con total claridad.
Se desarrolló íntegramente en el patio del Colegio, y como hacía una tarde excelente, una tarde luminosa, no estábamos al sol, y no hacía calor, se estaba muy a gusto, y las condiciones plásticas y de luminosidad invitaban a hacer fotos. Muchos de los padres comenzaron a hacerlas, yo saqué también algunas…

No recuerdo muy bien la secuencia de mis pensamientos, lo cierto es que primero pensé en las fotos que estábamos haciendo, después me quedé mirando algunas de las máquinas fotográficas de los otros padres, a continuación me vi desplazado del lugar y circunstancia en que estaba embargado o embaucado por mis pensamientos acerca de los distintos tipos de aparatos fotográficos.
Me paré en seco y pensé; resulta absurdo, pero lo cierto es que siempre me han gustado más las máquinas fotográficas que las fotografías…y también más los equipos de música y los aparatos de radio, que escuchar música o la radio.
Me gusta la música, me gusta la radio, pero si he de ser honesto conmigo mismo –me decía- más me gustan los aparatos que para lo que sirven…Y con la fotografía –me confesaba- me pasa exactamente lo mismo.
Tras reprocharme estos pensamientos en un momento tan inoportuno, pues debía centrar mis pensamientos en mi hijo, se me vino a la cabeza la frase que encabeza este texto. No recordaba de quién era, pero sí que la recordaba con precisión y, además, me vi reflejado en ella.
No tiene nada de malo –me digo ahora- ni de nocivo tener afición o sentir interés por el funcionamiento de determinados aparatos tecnológicos, pero no parece muy práctico tener mayor afición al envoltorio, que a la esencia.

En una ocasión escuché que alguien próximo se quejaba de que su magnífico equipo HI-FI había sufrido una avería y cómo, tras pasar el pertinente mal rato ante tal contratiempo, se apresuró (como el que acude a apagar un incendio) a llevarlo al servicio técnico para su reparación… compró un aparato más barato para el periodo en que estaría sin él, y no descansó hasta que lo tuvo en casa convenientemente reparado… aunque ni antes ni después sacó rendimiento alguno al equipo, puesto que apenas escuchaba música.

Con demasiada frecuencia desvirtuamos las cosas, nos quedamos con el envoltorio y no nos centramos en lo verdaderamente importante.
Considero que es importante que profundicemos en nuestros verdaderos gustos, en nuestras verdaderas aficiones…y que sepamos ver cuáles son las razones que nos mueven a sentirnos atraídos por determinados temas.
Hace muchos años un amigo que ya nos dejó me hablaba de continuo de literatura hispanoamericana, tan de moda entonces, y yo me veía obligado a estar en la onda y a leer a determinados autores.

Recuerdo como un verdadero calvario la lectura de alguna que otra novela, que para mí no tenía ni pies ni cabeza…Leía y releía, y nada me interesaba…Leía y releía para poder hablar de estos temas tan importantes y cultos con mi amigo, pero a mí me importaban un bledo…
….Hasta que un buen día, tras acabar el árbol genealógico de los Buendía decidí que leería lo que me diera la gana, lo que me apeteciera, y nada más…Si era el Marca, el Marca, y si era a León Tolstoi, al amigo León.
Y no me ha ido mal, aunque a veces me planteo mis posibles contradicciones. ¿Quién no las tiene? Creo que debo convivir con ellas, aunque con espíritu crítico y sin traumas.
Me gustan más la máquinas de fotos que las fotos…Y más los aparatos de radio que lo que la mayoría de las veces dicen los locutores, porque no cambio por el mejor programa de radio el momento en que conseguí –por chiripa y tras recibir un calambrazo- reparar una radio Iberia de válvulas.

Para mí –y siento enmendarte la plana, Machado- siguen siendo ojos los de un ciego, aunque no me vean…

Y me causó más emoción acompañar a mi hijo en aquel acto, y lo que con la mirada nos dijimos, que todas estas disertaciones.

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