domingo, 20 de junio de 2010

Ser uno mismo.

Hace unos días mi hija pequeña me dijo mirándome a la cara, con semblante zalamero y cariñoso que en un determinado aspecto, de mayor, le gustaría ser como yo soy…

Sus palabras se traspasaron como un puñal el alma provocando no pocos sentimientos encontrados y complejos, que no sería capaz de describir.

Mi contestación –sin embargo- brotó automática, como la reacción del gato cuando esquiva el agua; le dije que debía ser ella misma, no se fijase ningún referente con los pies de barro.

Después estuve explicándole que cada persona es diferente; nadie es igual a otra persona, y que las circunstancias no se repiten nunca…Y que querer ser como otros –sean buenos o no, y se logre o no- puede generar fustración.

Nunca se alcanza ser igual que otra persona, las comparaciones son odiosas (Odiosa sunt restringenda), y las potencialidades de cada uno no tienen porqué en ningún caso ser peores o menos dignas que las de otras personas. No tiene sentido hacer dejación de uno mismo.

Ella me miró mientras hablaba, escuchándome con una atención impropia de su edad, y me hizo ver que había comprendido lo que le había tratado de decirle.

Yo quedé en paz, y con la sensación de que había estado presto y hábil en la respuesta, que había sabido transmitirle una lección –a mi parecer- importante.

Después me quedé pensando en mi respuesta y reacción, y cada vez estoy más convencido de que fue la oportuna.

También, después, no he dejado de pensar en el porqué de mi respuesta y mi convencimiento…Creo que lo tengo claro.

Durante años, y por una serie de circunstancias que no son del caso, fijé como referentes a otras personas o modelos, que en general nunca me fallaron. A pesar de ello, esto motivó en mí dificultades, sinsabores, fustraciones, renuncias…

Renuncia básicamente a ser yo mismo, queriendo revivir otras vidas, lograr objetivos de terceros, absteniéndome de pellizcarme y optar por lo que de veras siento y por lo que deseo.
Ese desistimiento de uno mismo incide negativamente en lo que ahora sé que los psicólogos llaman autoestima. La baja autoestima coincide con una mala percepción de uno mismo, y de su propia realidad, suele solaparse con un gran afán de perfeccionismo en determinadas cosas que intrínsecamente no son de uno, cosas que se hacen para ser valoradas por los demás.
Es muy duro –y ahora sé que triste- someterse de continuo al examen de los demás, y rara vez al de uno mismo…Hay en el fondo una distorsión, que puede llevarnos a tener una doble vida; la que esperan los demás, y la que le queda a uno mismo…algo así como los minutos de la basura.

No reniego de ninguna de las fases de mi vida, ni tampoco de mis decisiones esenciales; las asumo y acepto.

Todas estas reflexiones me hacen ver que estoy aprendiendo a fijar mis propias metas y objetivos, y quisiera ser capaz de transmitirlo a quienes más quiero.

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