Nunca miro el santoral. Fue mi amigo Fernando quien me dijo que el día en que se conmemora al apóstol Judas Tomás Didimo, a Santo Tomás, yo había vuelto a nacer. Cuando le oí pensé que exageraba, pero quizá hasta se quedó algo corto.
Marisa y yo habíamos disfrutado aquella tarde noche, como siempre que compartimos tiempo juntos...me quedé dormido...y tal vez un par de horas después me desperté súbitamente. Tenía mal cuerpo, un cierto mareo, una sensación que no sería capaz de describir...me fui a la salita, al espacio de la casa que más me gusta ocupar.
El malestar iba a más, un sudor frío importante....me mojaba, una cierta sensación eléctrica....Sólo quería tranquilizarme y tomarme un anti inflamatorio, porque me dolía el cuello, y pensaba que tenía una contractura, y que ésta era la causa.
Pedí a Marisa ese medicamento, me dijo que tenía que tomarme la tensión...que con la tensión alta no se pueden tomar anti inflamatorios....yo no era consciente de que padecía de tensión y sólo sabía que me dolía el cuello, la nuca, por lo que me enfadé reclamándoselo. Me dijo que la tensión estaba bastante alta y me dio un Valium 10 y un Nolotil 500 (Metamizol)...
Fui mejorándome muy poco a poco... sin embargo, en unos minutos, se repitieron los síntomas mucho más suavemente....y fui entrando en una situación de relativo relax sin que llegara a abandonarme del todo aquel dolor en la nuca durante muchas horas en aquella noche en la que no pude dormir.
Hoy hace seis meses y doce días de aquella noche en que volví a nacer....Y lo supe luego, cuando cuatro días después en el Hospital Puerta del Mar determinaron que había tenido un derrame cerebral, una hemorragia subaracnoidea, algo que yo no sabía ni que existía, y que en la mayoría de los casos produce muertes súbitas. Tras una semana internado y muchas pruebas, una conclusión: lo que me ocurrió fue gravísimo, afortunadamente en un grado no muy elevado, quizá un poquito más, tal vez no tomándome aquellos medicamentos que me dispensó -casi me impuso, por mi tozudez- mi esposa, no estaría ahora contándolo.
Soy el polo opuesto a una persona hipocondriaca...Entonces lo pude comprobar: puedo estar muriéndome, agonizando casi, y no quiero ni oír hablar de ver a un médico.
Mi recuperación fue progresiva pero muy rápida, aunque al menos durante dos meses, había momentos en que sentía dolores leves (pero muy desagradables !!!) de cabeza,intolerancia al sol y una facilidad para el cansancio desconocida para mí.

Fue la primera vez en que estuve de baja tanto tiempo, exacta y solamente siete semanas....quizá un exceso por mi parte porque los médicos recomendaban un mínimo de seis meses....pero yo me encontraba bien, y no hubiese sido yo de no forzar mi reincorporación a finales del mes de agosto.
Hoy, cuando hace seis meses y doce días de mi "vuelta a la vida", he pensado en el apóstol Santo Tomás...Aparece en tres ocasiones, todas claves, en el Evangelio de San Juan.
-Tras la resurrección de Lázaro, los demás se resistían a volver a Judá, y él toma la palabra y dice; "Vamos también nosotros, para que muramos por Él".
-En la última cena, cuando dice: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?" Y Jesús le contesta una de las frases más contundentes del Evangelio (que apuesto a que pronunció casi literalmente): "Yo soy el camino, la verdad y la vida, sólo a través de mí conoceréis al Padre".
-Cuando, tras la Resurrección, se aparece Jesús a los apóstoles y viene a decirle: "Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré...". Y Jesús le dice: "Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino creyente".
Los Hechos de los Apóstoles y otros textos revelan que después fue un prolífico divulgador del Evangelio, y la tradición nos dice que murió mártir en la India en el año 72.

Me siento muy identificado con el apóstol, con su arrojo en la primera cita de San Juan, y con esa injustificable falta de fe en las otras dos, para quien ha visto al Señor. Por todo eso, a pesar de que no he sido nunca hombre de santoral ni de efemérides, junto a Dios y muy especialmente a mi esposa, también a él -a Santo Tomás Apóstol- le doy las gracias, pues era su día (¿coincidencia?), y tal vez viéndome tan de barro, como quizá se recuerde él en algún momento de su vida terrena, quiso echarme una mano, que pudo ser también decisiva.
Le tendré muy presente, me encomendaré a él. Ya vengo haciéndolo. Y ojalá yo también pueda ser mejor -siquiera un poquito- en este nuevo tiempo de vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario