Casi un mes me ha costado la lectura del libro de Fernando Aramburo, Patria.

La había empezado antes como dos veces...Se trata de una novela extraordinaria, muy justamente galardonada.
Narra la historia -que transcurre aproximadamente durante dos décadas- de dos familias de un pueblo imaginario en el País Vasco próximo a San Sebastián.
Son muy amigas. Las esposas son casi hermanas. Los maridos son también amigos, forman parte de la misma cuadrilla y comparten aficiones. Existen también vínculos y cariño entre los hijos de ambos matrimonios.
Ambas familias son vascas-vascas y abertzales, entre ellos se comunican mayoritariamente en euskera...
La novela tiene nueve protagonistas; los dos matrimonios, los tres hijos de uno de ellos, los dos hijos del otro.
Uno de estos amigos es operario metalúrgico, el otro es un pequeño empresario. A este último la banda terrorista ETA le reclama el pago del impuesto revolucionario, y él lo satisface…Después le piden más en varias ocasiones, hasta que él considera que no le pueden pedir tanto, que debe ser un error, intenta hablar con ellos, pero no lo consigue…Y llega un punto en que se niega. Y comienzan a amenazarlo. Y todo su entorno -incluído su amigo, y hasta buena parte de sus empleados- le dan la espalda…El pueblo se inunda de pintadas contra él. Y tiene ir armado, cambiar sus rutinas…vive con miedo y trata de ocultar -inútilmente- a su familia.
En la otra familia, el hijo mayor progresivamente se va acercando a ETA…Comienza por participar en ciertos actos reivindicativos y violentos, se enfrenta a su padre, se va de casa, después se tiene que ir al sur de Francia (Iparralde), se integra en la estructura de la banda, participa en atentados, tiene que ver con la ejecución, con el asesinato, de aquel que había sido el mejor amigo de su padre, y que de pequeño siempre la había comprado chucherrías.
El párroco del pueblo -un personaje verdaderamente incomprensible- no quiere que se celebre el funeral por el asesinado en el pueblo (finalmente cede aunque en la homilía habla de su fallecimiento como si hubiese sido por causa natural), también pide que le entierren fuera del pueblo para no provocar….
Cuando ha pasado un tiempo, la viuda, que se ha tenido que marchar a San Sebastián a vivir comienza a volver a hurtadillas al pueblo….Está enferma. Habla con regularidad con su marido en el cementerio y le comenta cuanto le ocurre y siente. Pretende conseguir que se respete su espacio en su pueblo y que el asesino de su marido termine por pedirle perdón.
Se narra cómo y cuánto ha afectado a la biografía de cada uno de los nueve protagonistas todo lo referente al acoso, amenaza, asesinato y posterior "cerco sanitario" sobre la familia de la víctima, como si fuesen apestados.
La narración es extensa pero muy amena y logra concitar la atención del lector en todo momento. Muchos de los hechos que forman parte de la novela ocurrieron realmente a otras personas diferentes a las imaginarias de esta obra.
Tan solo al final, tal vez se extiende la narración algo más de lo necesario adentrándose en circunstancias de la vida íntima, incluso sexual, de alguno de los protagonistas sin aportar nada necesario ni que mejore todo el relato.
El final es el que se espera a lo largo de todo el relato…El que sea previsible no resta un solo ápice de calidad a esta novela, con excelente narrativa y mejor descripción imposible de una lamentable y durísima realidad que padecieron en la realidad muchas personas a las que les ocurren cosas muy parecidas, casi iguales, que las que se cuentan en la novela.
Creo que es un libro imprescindible para entender, sin haberla vivido, una realidad que en su faceta más cruda ha sido en una buena parte superada.
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