jueves, 23 de agosto de 2018

A MÍ ME GUSTARÍA PARA LA IGLESIA....

A MÍ ME GUSTARÍA….

A mí me gustaría una Iglesia en la que pudiera ver a todos unidos como uno solo y de la mano, adorando al Señor presente real y verdaderamente en la Eucaristía, rezando juntos, y rezando lo mismo, cada uno o cada grupo con sus singularidades y carisma.

No tiene porqué ser un sueño escuchar a todos hablar bien y con verdadero cariño de los demás, sin expresar de ningún modo superioridad o críticas...o insinuaciones.

Estos días este deseo lo he tenido más vivo que nunca...por todo lo que se ha publicado acerca del Sínodo del Amazonas, poniéndose en cuestión lo acordado por los padres sinodales, presionando -al parecer- al Papa para que no se pronunciara en el sentido en que algunos no querían, y tratando de poner en boca del Papa emérito una especie de rebelión o presión sobre Francisco.


Estaba entre perplejo y enfadado, y se vinieron a la cabeza palabras que oí decir en más de una ocasión en sus podcasts a un santo, al Padre Jorge Loring SJ, que falleció con noventa y dos años al poco de que Francisco accediera al cetro de Pedro: "yo digo lo que diga el Papa, quien quiera que sea el Papa, sea lo que sea lo que diga el Papa, y lo digo después de que lo haya dicho el Papa, nunca antes". (no son palabras textuales, sino tal cual las recuerdo de memoria).

No se puede sintetizar mejor la fidelidad a Pedro. Son palabras de un santo, de alguien que dedicó su vida en predicar el Evangelio, y que se propuso seguir haciéndolo después de fallecido, por lo que dejó una importante obra entre libros, audios y vídeos que se puede encontrar gratuítamente en internet, y que recomiendo.

La Iglesia debe ser una, de verdad una, y no es lícito presionar -ni en un sentido ni en otro- al Papa haciendo justo lo contrario que recomendaba el Padre Jorge Loring SJ (también "Jorge" y jesuíta).

¿De verdad se creen que iban a poder presionar y a manipular a quien se le proclamó Obispo Auxiliar de Buenos Aires precisamente por su fidelidad a la Iglesia?...¿a quien no se dejó amedrentar por la dictadura militar argentina? ¿a quien no volvió a la residencia a la que pretendía retirarse? ¿a quien renunció a vivir en un Palacio arzobispal? ¿a quien viajaba en metro por Buenos Aires? ¿a quien se proclamó Papa manteniendo hasta sus zapatos viejos? ¿a quien acudía a celebrar la Eucaristía a las parroquias y capillas de las villas miseria del Gran Buenos Aires? ¿al hincha de San Lorenzo de Almagro? ¿a él?...es mucho creer.

Tal vez  la mayor parte de ese ruido de sables -aunque cuando el río suena agua lleva- está producido artificialmente por cierta prensa canalla, que aprovecha siempre que puede para ensalzar todo lo que negativo que pueda haber en la Iglesia o a aquellas personas que se ha separado de ella...en lo que parece una clara estrategia de desprestigio del cristianismo, que siempre prevalecerá.

El día de su proclamación, Francisco pidió en la Plaza de San Pedro que rezáramos por él...y eso hago ahora y propongo a quien lea estas reflexiones.

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