Una tienda de vídeojuegos atestada en el centro de una ciudad de las de mi entorno, y las caras de cierta ansiedad y los ademanes de quienes esperaban "gritando" con lenguaje no verbal ¡Tengo mucha prisa!, me ha hecho recordar otras esperas parecidas que viví en los últimos días en un come rcio de telefonía móvil y en otro para adquirir entradas para mis hijas para un concierto de One Direction (en el estadio del equipo de Torrente, por cierto), y lo que mis mayores contaban acerca de las cartillas de racionamiento en la época de la posguerra española.
En aquellos momentos la gente vivía para y de largas colas para cubrir el mínimo de sus necesidades más básicas, entre las que estaban las alimenticias.... y el tabaco.
Estos pensamientos me llevaron a la teoría de la Pirámide de Necesidades de Abraham Maslow, y cómo la forma de ésta ha cambiado -afortunadamente- desde la postguerra al momento actual. Y también hasta la frase evangélica "donde está tu tesoro allí está tu corazón" (San Mateo, 6 19-23) .
Nuestro entorno nos lleva con facilidad al convencimiento de que ciertas cosas, incluso objetivamente suplerfluas, son esenciales, producto de primera necesidad para nosotros. Y resulta muy difícil, casi heroico, sustraerse a este tipo de influyencias.
Es complejo asimilar con los ojos de hoy, en que los fumadores empiezan a ser una especie en vía de extinción, aquel tiempo aún reciente en que la mayoría de los hombres fumaban, se asociaba la masculinidad al tabaco, y se estaba dispuesto a fumar picadura de colillas o a soportar colas de racionamiento para poder seguir quemando la salud y manteniendo el vicio cuando la materia prima escaseaba.
Es evidente que las necesidades más básicas y perentorias son aquellas que resultan imprescindibles para mantenernos con vida, pero tras éstas hay otras que "nos fabricamos" por la influencia del entorno y de las que es difícil prescindir.
¿Cómo nos afecta cuando se nos estropea, deja de funcionarnos, nos roban o incluso si se nos queda obsoleto el teléfono móvil, la tablet, el ordenador o la tele?.
¿Qué estamos dispuestos a hacer para "restablecer el servicio" lo antes posible?....(pagar fortunas, endeudarnos, soportar terribles colas, aguantar condiciones abusivas de las empresas, tolerar la atención telefónica de personas que hablan nuestro idioma de otra manera y que no nos entienden bien....).
Está por ver que cualesquiera de estas necesidades pueda llegar a ser trascendente, que pueda darnos un mínimo ápice de felicidad, pero ahí estamos todos...o casi todos enganchados....como nuestros abuelos al tabaco.


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