
Me había resistido hasta ayer en
que cayó en mis manos el DVD, pese a las buenas críticas, a ver la película
Alatriste de Agustín Díaz Yanes, basada en la novela del mismo nombre de Arturo
Pérez Reverte. Y quizá quiero pensar que fue por lo difícil que me resulta a
veces conectar con las novelas de este magnífico escritor, sin duda por
demérito mío como lector.
Mis sensaciones al terminar de
ver la película son ciertamente contradictorias, porque si bien es cierto
que no supo llenarme en muchas de sus fases (dura más dos horas) también lo es
que en todo momento logró mantener mi atención como espectador.
No supo llenarme en alguna parte – decía- porque la noté falta de ritmo, eché en falta una mayor presencia de la banda sonora, y además por extrañar un mayor armazón argumental o conexión entre unas tramas y otras.
Pienso, sin embargo, que todas
esas apreciaciones pueden quedar vacías cuando al finalizar la cinta reconocí que en todo momento mantuvo mi atención y que –desde luego- la
recomendaría.
La interpretación de Viggo me
parece notable y creíble porque me transmitió que estaba en
presencia de un personaje de la época, tal como vivió, se expresó y sintió.
Alatriste es precisamente lo
mismo que Viggo, mezcolanza, mejunje. Alguien consistente y denso, mixtura de las
mejores trazas tomadas de aquí y de allá… Lo muestra su físico y su forma de
hablar, producto –sin duda- de su esfuerzo intrepretativo por esconder su acento
de argentino-cordobés trilingüe… Aunque es quien mejor “vosea” de toda la cinta.
Tal vez, así pudieron ser así
buena parte de esos soldados profesionales que combatieron Flandes y en otros
muchos lugares donde se extendía o pretendía extenderse el Imperio Español.
Sería injusto por mi parte
destacar sólo al Norteamericano-Danés-Argentino-Venezolano, pues el plantel de
actores da el do de pecho en sus respectivas interpretaciones. Especialmente valoré
a Pilar López de Ayala, a la que ya había visto con una interpretación posterior
excelente en una serie histórica para la televisión; "Toledo, cruce de destinos".
Disfruté con la
descripción de la época que se hace con los personajes –intercalando ficticios con
reales- , sus ropajes, costumbres, modo de combatir, etc. Y la plástica tan impactante de
determinadas escenas recreando las históricas, como la rendición de Breda.
Queda en cartera para
recomendarla y para volver a verla.
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